Palabra de verdad y cordura

Fe versus incredulidad (edificación)

Numeros 27


La conducta de las hijas de  Zelofead, como esta se registra al comienzo de  este capítulo, nos presenta una  sorprendente y bello contraste con la incredulidad presentada en el capitulo  anterior. Ellas, muy ciertamente, no pertenecen a la generación de aquellos  que  están preparados para abandonar el terreno divino., ni rebajar el estándar  divino, y  perder los privilegios divinos que  les han sido otorgados porla gracia divina.  No;  estas cinco nobles mujeres no tenían simpatía con tales.  Ellas  estaban determinadas, a través dela gracia,  para plantar el pie de la fe sobre el más elevado terreno, y con santa e intrépida  decisión, para hacer suya propia  eso que  Dios les había dado.  Leamos  este alentador registro. 

“Entonces vinieron las hijas de Zelofead, el hijo de Epher, hijo de  Galaad, hijo de  Maquir, hijo de  Manasés…de las familias de Manasés hijo de José: y estos son los nombres de sus hijas; Mahlah, Noah, Hoglah, y Milcah, y Tirzah. Y ellas  se presentaron ante Moisés, y ante  Eleazar el sacerdote, y ante los príncipes  y toda la  congregación, en la puerta del tabernáculo de la congregación, diciendo. Nuestro padre murió en el desierto, y no estuvo en compañía de aquellos que  se  reunieron contra Jehová en la compañía de  Coré; sino que murió en su propio pecado, y no tuvo hijos. ¿por qué el nombre de nuestro padre sería borrado de entre su familia, porque él no tuvo hijo? Dadnos por tanto una posesión entre los hermanos de  nuestro padre” (Vv. 1-4)

Esto es infrecuentemente fino.  Hacer bien al  corazón leer tales palabras  en el tiempo presente, cuando  se valora poco la propia y permanente porción del pueblo de  Dios, y cuando muchos  están contentos con ir de  día en  día y año en año, sin preocuparse  siquiera por investigar acerca de las cosas que se  nos han dado libremente por parte de  Dios.  Nada es más triste que ver  el descuido, la absoluta indiferencia, con que  muchos cristianos profesantes tratan  tan  grandes  e importantes  cuestiones  como la posición, el andar, y  esperanza del creyente y de la iglesia de  Dios.  No es  de ninguna manera nuestro propósito entrar en estas  cuestiones  aquí. Solamente  deseamos llamar  la atención de los lectores al hecho,  que es pecar contra nuestras propias  ricas misericordias, y deshonrar al Señor,  cuando  evidenciamos un  espíritu de indiferencia a algún punto de la revelación divina  en cuanto a la posición y porción de la iglesia, o del creyente  individualmente. Dios,  en las riquezas de  Su gracia,  se ha  agradado en concedernos preciosos privilegios, como cristianos. ¿no debemos buscar fervientemente conocer  cuáles  son estos privilegios? ¿No debemos tratar de hacerlos nuestros, en la sencillez de la fe? ¿es tratar dignamente a  Dios y a Su revelación, siendo indiferentes  en cuanto a si somos  siervos o hijos_ a si tenemos  el  Espíritu Santo  morando en nosotros o no_ a si estamos bajo la ley o no_ o si nuestro llamamiento es  celestial o terrenal?

Ciertamente que no.  Si hay una  cosa  más clara que otra en las  Escrituras, es  esta,  que  Dios se  deleita en aquellos que aprecian y gozan la provisión que  Su amor ha hecho_ aquellos que  encuentran su gozo en Él. El volumen inspirado muestra  claramente  este punto. Observe el caso ante nosotros  en este capítulo.  Aquí tenemos  a  estas  hijas de  José_ porque  así debemos llamarlas _ privadas de su padre_  impotentes y desoladas co,mo vistas desde el punto de  vista de la naturaleza.  La muerte había roto el aparente  lazo que las conectaba con la herencia de  dios.  ¿Qué entonces? ¿Estaban ellas  contentas de dejar caer_  sus brazos con fría indiferencia? ¿no era nada para ellas  si habían de  tener o no  un lugar y porción con el Israel de Dios? ¡Ah! No, lector,  estas mujeres  exhiben algo totalmente diferente  a  todo esto_ ‘algo que bien podemos  estudiar y tratar de  imitar’  algo que, desatacamos, refresco el corazón  de  Dios.  Ellas estaban seguras de que había de habar para ellas un lugar en la tierra de  la promesa, , de la cual la muerte ni ninguna cosa  que hubiese ocurrido en el desierto podía privarlas. “¿por  qué el nombre de nuestro padre sería cortado de entre su familia, porque él no tuvo hijos? ¿Podía la muerte, el fracaso del varón, podría alguna otra cosa,  frustrar la bondad de Dios? Imposible. “Danos, por tanto, una posesión entre los hermanos de nuestro padre.”

¡Nobles palabras!.  Palabras  que llegaron justo hasta el trono y corazón del Dios de Israel.  Este fue un muy poderoso  testimonio entregado a oídos de  toda la  congregación. Moisés  había  sido llevado  atrás. Aquí había algo que  estaña más allá del alcance del legislador. Moisés  era  un siervo,  y una  bendecido, y también honrado. Pero se  habían producido cuestiones  que él era  incapaz de tratar, como por ejemplo,  los hombres contaminados en  el cap.9, y las hijas de  Zelofead en la sección que  está ante nosotros. 

“Y Moisés  llevó su causa  ante  Jehová. Y Jehová, dijo a Moisés, diciendo,  las hijas de  Zelofead han hablado  bien: ciertamente les  darás  una posesión de herencia  entre los hermanos de su padre; y harás que la  herencia de su padre pase a ellas,” vv.5-7.

Aquí tenemos un glorioso triunfo en presencia de toda la  asamblea.  Una fue osada y simple ciertamente que será siempre recompensada. Ésta glorifica a  Dios, y Dios la honra.  ¿Necesitamos ir sección tras sección, y paginas  tras paginas, del santo volumen para probar esto?¿necesitamos volvernos a Abraham, Ana, Débora, Rahab, Rut de tiempos del  A. Testamento? o ¿a María ,Elizabeth, al centurión, a la mujer  sirofenicia de tiempos del N. Testamento? Dondequiera que nos volvemos, aprendemos  la misma gran verdad practica, que  Dios se  deleita en una  fe  valiente y simple_ una fe que sencilla y tenazmente se aferra  y sostiene  todo lo que Él ha dado que positivamente rehuza, aun frente al mismo rostro de la debilidad y muerte de la naturaleza, renunciar el grueso de un cabello de la  herencia divinamente dada. ¿Qué aunque los hueso de  Zelofead hayan quedado en el polvo del desierto, y aunque no hubiese  aparecido ningún  varón para  sustentar su nombre? La fe podía levantarse  sobre todas  estas cosas, y podía también contar con la fidelidad de  Dios para hacer  real todo lo que  Su palabra había prometido.

“Las  hijas de Zelofad han hablado  bien.”  Y siempre será  así.  Sus palabras son palabras de  fe y como tal,  son siempre justas ala vista de Dios. Es una cosa terrible limitar “al Santo de Israel.”  Él se deleita en que se confíe en Él.  Es absolutamente imposible  para la fe sobregirar su cuenta en el banco de Dios.  Dios  jamás podría  defraudar a la fe como tampoco podría negarse a  Si mismo, “usted ha  calculado mal,  ha pedido demasiado; vaya  más bajo  y rebaje sus  esperas.”  ¡Oh, no!, la única  cosa  en todo este mundo que verdaderamente  lo deleita  y refresca  el corazón de Dios es la  fe que puede confiar simplemente  en Él; y  podemos estar seguros de esto,  que la fe que puede  confiar en Él es  también la fe  que puede  amarlo, y alabarlo.

Entonces, estamos en profunda deuda a las hijas de  Zeloefead. Ellas nos enseñan una  lección  de inestimable valor. Y más que  esto,  su acción  dio ocasión al despliegue de  una nueva verdad que debía ser la base  de una regla divina  para todas las generaciones  futuras.  Jehová mandó a Moisés, diciendo, “si un hombre muere, y no tiene  hijo, entonces  su herencia pasará a su hija.” 

Aquí tenemos un gran principio establecido con referencia  a la cuestión dela herencia, de la que, humanamente hablando,  no habríamos  escuchado nada  sino hubiese  sido por la fe y fiel conducta de  estas  notables mujeres. Si ellas hubiesen escuchado la voz de la timidez y la  incredulidad si ellas  se uniesen negado a  venir ante toda la congregación para afirmar sus demandas de fe_ entonces,  no solo ellas  habrían perdido su propia herencia y bendición, sino  que todas las  futuras hijas de  Israel, en una posición semejante, habrían sido privadas  de igual manera de su porción.  

Considerando que, por el contrario, por actuar en la preciosa energía de la fe,  ellas  preservaron su herencia; ellas  obtuvieron la bendición; ellas  recibieron testimonio de parte de  Dios; sus nombres  brillan sobre las páginas de la inspiración; y su conducta ha provisto, por medio de la autoridad  divina,  un precedente para todas las  generaciones.  De  esta manera mucho en cuanto a  los maravillosos resultados de la fe.  Pero después debemos recordar que hay  un peligro moral  al salir de la misma  dignidad y elevación que la fe  confiere sobre aquellos que,  a  través de la gracia,  son capacitados para ejercitarla; y  se debe  estar en guarda contra este  peligro.  Esto es sorprendentemente ilustrado en la historia posterior de las hijas de  Zelofead, como se  registra en el último  capítulo de nuestro libro.

“Llegaron los príncipes de los padres de la familia de Galaad hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de los hijos de José; y hablaron delante de Moisés y de los príncipes, jefes de las casas paternas de los hijos de Israel, y dijeron: Jehová mandó a mi señor que por sorteo diese la tierra a los hijos de Israel en posesión; también ha mandado Jehová a mi señor, que dé la posesión de Zelofehad nuestro hermano a sus hijas. Y si ellas se casaren con algunos de los hijos de las otras tribus de los hijos de Israel, la herencia de ellas será así quitada de la herencia de nuestros padres, y será añadida a la herencia de la tribu a que se unan; y será quitada de la porción de nuestra heredad. Y cuando viniere el jubileo de los hijos de Israel, la heredad de ellas será añadida a la heredad de la tribu de sus maridos; así la heredad de ellas será quitada de la heredad de la tribu de nuestros padres. Entonces Moisés mandó a los hijos de Israel por mandato de Jehová, diciendo: La tribu de los hijos de José habla rectamente. “ (Núm.36:1-5)

Los “padres” de la casa de José también deben ser escuchados como las “hijas.”  La fe de los últimos fue muy hermosa; pero  allí estaba justamente el peligro, en la elevación a la cual los había levantado, ellos  podían olvidar las demandas de otros, y remover  los límites  que guardaban la herencia de sus padres. Había que  pensar en esto  y proveer para ello.  Era natural  suponer  que las hijas de  Zelofead se casaran; y además era posible  que pudiesen formar una  alianza  fuera de los  límites de su tribu; y de  esta manera en el año del jubileo_ la gran institución de regulación en lugar de ajustamiento, habría confusión, y una permanente brecha en la herencia de Manasés. Esto no debía ser , por tanto  la sabiduría  de aquellos antiguos padres es muy aparente. Necesitamos  estar guardados por cada lado en vista  a que la integridad de la fe  y el testimonio fuesen debidamente mantenidas.  No debemos  realizar cosas con una  voluntad  demasiado fuerte, aunque podamos tener una fe fuerte, sino que debemos estar  preparados  para ceder al regulador  poder de  toda la verdad de Dios.

“Esto es lo que ha mandado Jehová acerca de las hijas de Zelofehad, diciendo: Cásense como a ellas les plazca, pero en la familia de la tribu de su padre se casarán,  para que la heredad de los hijos de Israel no sea traspasada de tribu en tribu; porque cada uno de los hijos de Israel estará ligado a la heredad de la tribu de sus padres. Y cualquiera hija que tenga heredad en las tribus de los hijos de Israel, con alguno de la familia de la tribu de su padre se casará, para que los hijos de Israel posean cada uno la heredad de sus padres, y no ande la heredad rodando de una tribu a otra, sino que cada una de las tribus de los hijos de Israel estará ligada a su heredad. Como Jehová mandó a Moisés, así hicieron las hijas de Zelofehad. Y así Maala, Tirsa, Hogla, Milca y Noa, hijas de Zelofehad, se casaron con hijos de sus tíos paternos. Se casaron en la familia de los hijos de Manasés, hijo de José; y la heredad de ellas quedó en la tribu de la familia de su padre.” (vv.6-12)

Todo  está  establecido. Las  actividades de la fe son gobernadas  por la verdad de Dios, demandas individuales  deben ser ajustadas  en armonía  con los verdaderos  intereses  de todo; mientras, al mismo tiempo, la gloria de  Dios debe ser  plenamente mantenida, para que en el tiempo de jubileo , en vez  de que exista  alguna confusión en los límites de Israel, la integridad de la herencia  es asegurada es asegurada de  acuerdo ala concesión divina.

Nada puede  ser más instructivo que  esta historia de las hijas de  Zelofead. ¡Qué podamos  realmente  beneficiarnos de  esta historia!


Autor: C.H.M.




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