Palabra de verdad y cordura

Josué (comentario biblico)

PREFACIO

El volumen que se presenta al lector se ha retrasado mucho debido a la presión excesiva de otros trabajos sobre el autor. Incluso con lo tarde que está (pues las conferencias se impartieron hace algunos años), se ha hecho menos de lo deseable en cuanto al desarrollo de las observaciones presentadas oralmente, que parecían requerir una ampliación al corregir el informe para la imprenta. No obstante, se encomienda a la bondadosa bendición del Señor sobre el lector cristiano, con el ferviente deseo de que se le brinde alguna ayuda para repasar los libros de las Escrituras desde Josué hasta 2 Samuel. Son libros queridos por todo corazón que valora la palabra de Dios; sin embargo, a menudo presentan dificultades para quienes no saben distinguir las dispensaciones ni leer con precisión el Antiguo Testamento, especialmente sus tipos, a la luz del Nuevo. Que Él, quien solo puede hacer que la obra sea edificante para los suyos o para cualquier alma, se digne usarla para la gloria de su nombre.

Londres: WH Broom, 25, Paternoster Square. 1874.



CAPÍTULO 1-4

El libro de Josué sigue naturalmente a los cinco libros de Moisés, y realmente está conectado más claramente con los libros anteriores de lo que puede parecer a un lector ordinario. Este no se abre con una mera partícula de tiempo ni de transición sino de conexión. Esto no se ve en versión inglesa, pero está de hecho en el texto hebreo. Indudablemente el Espíritu Santo estaba escribiendo por otro siervo del Señor; pero acerca del mismo testimonio y un testimonio también para el cual el libro de Deuteronomio nos prepara especialmente; porque todo ese libro fue dado por Moisés cuando los hijos de Israel estaban en la víspera, de entrar en la tierra prometida. Aquí, como en otras partes, es de gran importancia que comprendamos claramente el objeto especial del Espíritu de Dios en este libro. Haré unas pocas observaciones de orden general para presentar esto claramente como el Señor me capacita.

Ninguna persona espiritual que considere la materia puede dudar de aquello que el Espíritu de Dios se ha complacido en darnos en Josué, si lo tomamos como tipo de nuestra bendición, no es nuestro paso del mundo al cielo. Si estamos familiarizados con la forma usual de representar el Jordán como la muerte, y el cruce del Jordán como dejando el mundo para ir al cielo. Pero esta no es su verdadera fuerza, aunque sea una materia de inmensa importancia práctica para el alma. Si usted le asigna este significado, usted pierde el principal objeto de Dios al darnos este libro para la tierra. Por otra parte, si pone su cumplimiento en el futuro, la aplicación presente o actual de su significado ya no tiene su lugar. Ninguna de estas es una interpretación justa, aunque pueda sacarse bendición de pasajes aislados. Sabemos que aún quienes aplican el cruce del Jordán a nuestra partida para estar con Cristo no tienen escrúpulos para usar la salvación de Rahab en el Cap.2:6, cuando buscan sacar beneficio moral de cada capítulo. Pero no estoy ahora hablando de una aplicación o uso en el cual todos concordamos, sino de aquello que algunos de nosotros hemos aprendido; de lo que todos nosotros, estoy seguro, hemos tenido que aprender en un tiempo u otro.

Sobre la superficie del libro hay un hecho claro que nos muestra su real naturaleza o alcance, y es aquello que hicieron los hijos de Israel cuando cruzaron el Jordán. ¿Encontraron ellos descanso? No; sino labor, conflicto con el enemigo, y no sólo la paciencia de la fe en la cual han sido probados cuando pasaron a través del desierto. Hay un hermoso orden moral en Dios al poner los corazones de Su pueblo a prueba donde no había nada alrededor de ellos, salvo secas arenas y Él mismo. En el desierto Dios estaba para enseñarles acerca de Sí mismo. Esta fue la gran lección durante cuarenta años de peregrinaje; pero es claro que esto fue, en la medida en que concierne a las circunstancias, de ninguna manera el lugar donde las positivas bendiciones eran desplegadas. Dios estaba allí aún en el desierto, volviendo cada circunstancia en la bendición de ellos por Su propia gracia. Esto es muy verdadero, del primer tiempo y escena; pero en el libro de Josué entramos sobre la actual y clara bendición_ la concesión de sus dones en amor a Israel de acuerdo a Su promesa a los padres, aunque todavía dependiendo de la fidelidad de ellos al pacto de la ley. De este modo, no era solamente sacarlos de lo que era malo, tampoco fue esta la lección de Dios en el desierto_ Sus tratos con Su pueblo: Dios les estaba dando lo que les había prometido; Él los estaba llevando dentro de la buena tierra de Canaán.

Pero durante todo el libro de Josué escuchamos de las guerras del pueblo. Este simple hecho nos muestra su verdadero carácter. Ciertamente cuando dejamos el mundo para estar con el Señor, no tendremos guerras. Claramente por tanto el cruce del Jordán no responde a dejar el mundo para descanso en la presencia de Dios; pero se aplica al pleno cambio de posición para los cristianos mientras están todavía en el mundo. ¿Cómo se puede decir que ellos cruzan el Jordán? Esto es lo que uno desea aclarar simplemente de acuerdo a la luz dada por el Nuevo Testamento. Encontraremos que la luz divina es abundante, de manera que podemos ver claramente el pensamiento de Dios.

Es obvio a cada cristiano reflexivo que existe una fuerte conexión entre el cruce del mar Rojo y del Jordán. Esto se encuentra en la muerte y resurrección del Señor Jesús; pero hay dos efectos sensiblemente diferentes y de gran importancia que debemos distinguir. Visto el tipo del mar Rojo se trata simplemente de apartarnos del mundo para Dios haciéndonos peregrinos mientras pasamos por éste; cruzar el Jordán o la muerte y resurrección de Cristo, en este punto va más allá, este es el poder de aquella poderosa obra que nos introduce en la posesión de nuestras bendiciones celestiales antes de que vayamos allí. Somos hechos conscientes del cielo; mas tenemos que pelear todavía antes de llegar al descanso. En ambos casos no es solamente que Cristo ha muerto y resucitado, sino de su aplicación a nosotros por el Espíritu.

Por una parte el paso por el mar Rojo es nuestro estar muertos con Cristo y vivos para Dios a través de nuestro Señor Jesucristo como una cuestión de justicia. Somos de esta forma justificados del pecado, y efectivamente libertados del poder de Satanás. Ahora no es más una cuestión de temor en cuanto al juicio de Dios. Por otra parte, el cruce del Jordán significa nuestra introducción conforme a la plenitud del derecho de Cristo, aún ahora, de entrar en lugares celestiales. Sobre esta base el Espíritu nos familiariza con las cosas celestiales.

De acuerdo a esto somos llamados a poner nuestras afecciones sobre las cosas de arriba, llenos con aquello que sin duda es una materia de fe, aunque no menos real por ello. No hay más grave error que suponer que las cosas del sentido son sustanciales, y que las cosas de la fe no lo son. No hay nada tan verdadero como la fe; tampoco alguna cosa permanece y da paciencia como descansar sobre la Palabra de Dios. La gracia nos ha dado en Cristo Jesús nuestro Señor un reino que no puede ser conmovido. Reconozco que usted debe confiar en Él, ¿somos nosotros más pobres por eso? ¡No, incomparablemente más ricos!, es una cosa bendecida cuando aprendemos a confiar en los ojos de Dios y no en los propios, esto es lo que la fe siempre hace. La fe en vez de acortar nuestra visión la amplia infinitamente. Podemos ser débiles en ver conforme a una tal medida, e indudablemente lo somos; pero hay crecimiento por el Espíritu, revelando más de Cristo en las Escrituras. Teniendo en la Palabra como en Cristo lo que es divino, por lo que hay infinita plenitud para poder crecer. Es a lo que Cristo nos introduce, no cuando muramos como un hecho natural, sino cuando conocemos el poder de Su muerte y resurrección, somos libertados de Satanás y del yo. Esta es la línea de verdad representada en el cruce del Jordán. No es libertad de Egipto: el Mar Rojo tiene este alcance. Allí en tipo el mundo, la escena de esclavitud de Satanás, es dejado atrás; pero cruzar el Jordán es la entrada a la tierra celestial.

Esto será confirmado por otra muy importante diferencia, que sólo podemos tocar ahora de paso. Aquí tenemos la circuncisión claramente contrastada con el anterior estado de cosas. Mientras ellos marchaban a través del desierto no tuvieron tal práctica. Ni una sola persona fue circuncidada de las que nacieron en el desierto: no dudo que allí habían algunos que habían sido circuncidados antes. Pero cuando ellos cruzaron el Jordán, era imperativo ser circuncidado, claramente por tanto esto viene a ser una cuestión de muerte del yo por Cristo, quien se ha ido a lo alto y nos ha unido a Él allí; este es justo el punto pensado por esto. De este modo la persona es libre para entrar en lo que Dios da arriba; y no hay nada que estorbe esto más que el yo no subyugado y no mortificado. La circuncisión por tanto toma su lugar cuando se pasa el Jordán. No obstante, me estoy anticipando; pero a pesar de ello me ha parecido necesario dar estas pocas palabras de una naturaleza más general para dar una simple y clara impresión de la diferencia entre ambos.

Claramente entonces tenemos un fundamento común en el Mar Rojo y en el Jordán, pero cada uno tiene lo que le es especial; todo esto se haya en Cristo nuestro Señor. Conviene que no nos contentemos con el vago y general pensamiento que antes se ha tenido acerca de esto, Dios quiere que nosotros conozcamos lo que hemos recibido como Sus hijos. Aquí entra la energía de la fe; no debemos contentarnos con el reconocimiento de la verdad de que todas las cosas son nuestras, sino que diligente debemos aprender de Él cuales son estas cosas. Dios no nos niega nada. Nosotros empequeñecemos Su amor sino tratamos de aprender y gozar todo lo que nos ha revelado.

Este es uno de los puntos distintivos del libro de Josué; Israel aquí es llevado dentro de la herencia prometida, y no solamente fuera de la casa de esclavitud a un desierto desolado. ¡Que misericordia tener a Dios como compañero en esta desolación! Dios estaba guiándolos a la tierra donde Sus ojos siempre descansan, y en lo cual podía tomar Su placer_ no fue así en el desierto. Él ciertamente les estaba mostrando lo que Él era y eventualmente los introduciría a la buena tierra; pero no era entonces una cuestión de entrar en las bendiciones dadas en la tierra de Emanuel. Esto lo encontramos en el libro de Josué.

Miremos un poco más particularmente algunos detalles de los capítulos sobre los cuales meditaremos. Moisés está muerto y Josué toma su lugar; eso es Cristo representado por aquel que está muerto y por aquel que está vivo. Así fue Cristo ya sea sacando al pueblo del mundo y conduciéndolo a través del desierto, y ahora Cristo en un nuevo tipo_ el capitán de la salvación quien está a la cabeza de Israel en la tierra de Canaán. Pero, como sabemos, es el mismo Cristo en otro punto de vista quien debía guiar al pueblo de Dios a un mejor país. Debemos cuidadosamente recordar, como realmente envuelto en la verdad que ya he mostrado, que aquí tenemos no la muerte del cuerpo ni la separación del espíritu de éste: menos aún la condición de resurrección. Este no es el punto en el libro de Josué. Por la misma razón no es Cristo retornando en gloria: Josué no representa a Cristo volviendo otra vez. Este es Cristo ahora en Espíritu guiando al pueblo dentro de la tierra, eso es, el poder del Espíritu de Dios, quien de este modo, respondiendo a la gloria de Cristo, capacita a los cristianos ahora a apropiarse y conocer su lugar en el cielo donde Él está. Entonces Josué no representa a Cristo como viniendo en persona, sino actuando en espíritu ahora, y dándonos realizar nuestra bendición celestial.

Otra vez encontramos en este libro, que está primero la recepción de lo que Dios da y después el pueblo tiene que hacer suyo el don. Estas dos verdades distintas dividen el libro en dos partes. Los primeros doce capítulos son simplemente la cuestión de nuestro reconocimiento de la gran verdad que, teniendo la tierra celestial en derecho, aún así tenemos que pelear por ella. La última porción del libro nos muestra el deber de hacer frente a las dificultades cuando hemos recibido la verdad, y somos puestos en guardia contra las varias formas con las cuales Satanás tratará de debilitar nuestro sentido de la bendición, e impedir que verdaderamente estas bendiciones sean nuestras prácticamente. Esto no debe quedar sólo como un hecho objetivo: debemos hacer valer nuestro derecho.

Hay otra cosa a la cual llamaría la atención: Jehová, después de declarar la nueva forma en la cual el poder de Cristo debía ser mostrado en Josué, dice, "Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie"vers.2 y 3. La tierra fue dada por Dios pero debía ser tomada; el país más allá del Jordán estaba abierto para el pueblo de Dios. El libro siendo consagrado a esto como su objeto especial, como punto de partida se nos da una cuenta general de la extensión de la tierra_ "Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río, el río Éufrates". Hablando estrictamente, esta se extendía mucho más allá de Canaán. Así que encontramos lo que sorprendentemente responde a esto en aquella epístola del Nuevo Testamento donde la propia porción de los santos es puesta ante nosotros. No hay nada más evidente en la epístola a los Efesios que las dos características de las cuales voy a hablar.

Primero, Dios nos ha dado bendiciones celestiales en y con nuestro Señor Jesús, y esto ahora; sólo que sin duda, por esta razón es una materia de fe en lo que nos concierne hasta que Jesús venga. Estamos sobre la tierra, pero "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo". Segundo, el mismo capítulo nos muestra no sólo nuestra Canaán, sino "desde el desierto y el Líbano hasta el gran río, el río Éufrates".

De esta forma Dios nos da una medida de la extensión de la bendición más allá de lo que nos es propio. Aunque no es solamente el tipo de Cristo sino Cristo mismo, así también la bendición es igualmente aumentada. "Todas las cosas", y no menos que todas las cosas, deben ser puestas bajo Cristo; y si Cristo es cabeza universalmente, Él es dado como cabeza sobre todo a la Iglesia. Él, en conexión con la Iglesia, no toma nada menos que todo el universo de Dios. De este modo vemos lo que es especial_ las cosas celestiales responden a Canaán; pero con esta gran extensión de territorio, extendiéndose desde el Líbano sobre el norte al río Éufrates que estaba en el este. ¿No pone esto ante nosotros que Dios, si Él da, debe dar como Dios? Él hará real Sus promesas, pero no puede actuar menos de lo que Él es. ¡Y como esto será verificado en el día que esperamos! Nosotros tendremos nuestra propia parte (Luc.16:12); tendremos lo de Cristo y Dios no nos negará nada de lo que pertenece al Hombre rechazado pero glorificado, Su propio Hijo.

Nuevamente encontramos dificultades en el camino, que en verdad son inmensas, mas Dios da un apropiado confort y seguridad "nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente" En las últimas palabras uno ve que estas son muy enfáticas, y aún en el primer capítulo repetidas una y otra vez. Permítanme preguntar a mis hermanos si ellos han comprendido realmente aquello a lo que han sido llamados, _ a lo que somos llamados ahora. No pocos sinceros cristianos fallan grandemente aquí. Ellos confunden buen coraje con presunción; la seguridad en el Señor con el más bajo y orgulloso sentimiento de la carne. De la presunción cada hijo de Dios debe guardarse. Por otra parte, Dios prohíbe que un hijo suyo desmaye y pierda la confianza debida a Dios por aquello que lo difama. No mis hermanos; somos llamados a ser fuertes y valientes. ¿Qué es la presunción distinguida del coraje de la fe; y como debemos discernir la diferencia? ¿No es importante evitar equivocaciones en tan seria materia? Presunción es el coraje del hombre fundamentado sobre el yo _ sobre el primer hombre. La fortaleza y la valentía del cristiano están fundamentadas sólo sobre Cristo. La diferencia por tanto es completa. No podemos ser demasiado valientes si Cristo es la única fuente de nuestro coraje: esto lo debemos a Él. Si es una cuestión de tomar posición contra el enemigo o enfrentar sus ardides, necesitamos realmente ser vigilantes.

Si es una cuestión de confianza en lo que Cristo es y lo que nos ha dado, no podemos dejar caer una sola palabra dirigida a Josué en ese día. ¿Fue esto sólo para Josué? Esto fue para Josué, quien estaba ligado indisolublemente con el pueblo de Dios; esto fue para animar al líder y a estos guiados por él. Así es, amados hermanos, y debiese ser así con los hijos de Dios. Las mejores bendiciones que tenemos son aquellas que Dios ha designado para la Iglesia _ para cada miembro del cuerpo de Cristo.

¡Ay! estamos hoy día en un estado cuando pocos miembros de Cristo creen en sus propias bendiciones. Si Dios ha vuelto a llamar nuestras almas a tener fe en Su gracia, démosle gracia; pero cuando pensamos en la infinita misericordia que nos ha hecho ver lo que Dios es para nosotros y lo que Cristo es por nosotros, obrando también el Espíritu Santo en nosotros, adoremos a Dios por todo y por todos los que son suyos. Esto profundizará nuestro sentido de la ruina de la cristiandad donde su falta de fe rechaza las buenas cosas que Dios está dando, donde la carne débilmente es juzgada y se mezcla con el yo y el mundo sin ninguna reprensión. Al menos veremos lo que Dios es hacia todos los santos aunque sintamos más lo que ellos son hacia Él a pesar de todo Su amor. Ante todo debemos reconocer nuestros sentimientos hacia Él; pero también nos conviene, si deseamos la bendición de otros, que humildemente, pero al mismo tiempo con valentía, tratemos de entrar y poseer las bendiciones nosotros mismos. No hay nada que conduzca más a la bendición de otros que gozar lo que Su gracia da en nuestras propias almas. "Sé fuerte" dice Dios. "Y valiente; porque tú repartirás a este pueblo por herencia la tierra que yo jure a sus padres. Sólo sé fuerte y muy valiente".

Sabemos a quien representa Josué y éste no puede fallar. Hay momentos cuando aún Josué desmaya; cuando él se sumergiría en el polvo, cuando Jehová lo llamaría a levantarse. Nuestro Josué nunca necesita tales exhortaciones; todo poder le es dado en el cielo y en la tierra. ¡Pueda Su poder descansar sobre nosotros en nuestra debilidad!

Aprenderemos cuales son los estorbos y donde están. Pero hay otro punto también en el capítulo preliminar. "Este libro de la ley", dice Jehová, "No se alejará de tu boca".

Con la entrada del pueblo, por medio del poder del Espíritu de Cristo, a sus bendiciones celestiales, se acrecienta la necesidad de la palabra de Dios. El valor de cada palabra no se siente cuando las almas están contentas solamente con recibir a Jesús como Salvador, cuando no necesitan más que estar seguros que no vendrán a juicio. Entonces un vago y general sostenimiento de la palabra de Dios basta para la necesidad. Pero cuando somos despertados para ver la verdad que pone a Cristo en lo alto y el lugar celestial de los santos de Dios, tenemos un deseo positivo de mantener nuestra propia porción en Cristo antes de entrar allí en persona, entonces realmente necesitamos, y el Espíritu de Dios no falla en darnos, el valor en principio de cada palabra. Sentimos que necesitamos toda la Palabra; sabemos que es bueno para nosotros de manera que debe ser buscada y que no debemos limitarnos de manera a buscar sólo aquella que ministra directamente al confort de nuestras almas. Sabemos que la Palabra nos hace vencedores sobre Satanás, al hacer nada del yo; y realmente este es particularmente el objeto del libro de Josué (visto típicamente). "Este libro de la ley no se apartará de tu boca; sino que meditarás en él día y noche, para hacer conforme a todo lo que está escrito en él: porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien. ¿No te he mandado yo? Sé fuerte y valiente; no temas ni desmayes: porque Jehová tu Dios está contigo donde quiera que tú vayas" (vers.8 y 9).

Hay otro punto de inmensa importancia. No tenemos sólo la Palabra de Dios sino también a Dios mismo, es verdad que en principio la misma cosa fue verdad mientras Israel estaba pasando por el desierto. Pero es bueno tener el sentido de la presencia de Dios con nosotros en la introducción de nuestras almas a nuestra herencia. Esto entonces es nuevamente asegurado al pueblo; ¡Y no necesito decir cuán verdaderamente necesitamos estar bajo salvaguardia aún cuando estamos en gozo y cuán bueno es siempre esto! Viene el tiempo cuando el nuevo florecer de la verdad pasará. ¿Si esto no es más una cosa nueva, ahora qué es lo que va a sustentar el alma entonces? Dios mismo en la seguridad de que está con nosotros _ teniendo el sentido de que Su voluntad sólo es sabia, buena y santa. Entonces, aunque haya allí prueba, dificultades y mil cosas extremadamente repulsivas a nuestra naturaleza, aún así el estar consciente de Su presencia suple lo que está faltando. ¿Y qué puede faltar cuando Dios está con nosotros en perfecto amor?

Es evidente entonces que la seguridad de la presencia de Dios con Su pueblo, como se nos muestra aquí a la entrada del pueblo en Canaán, está llena de instrucción como de consolación para nuestras almas, que tienen esto garantizado en términos precisos y plenos. Necesitamos esto también, mis hermanos; necesitamos esto. Ninguna otra cosa permanece. Entonces tenemos a Josué actuando sobre ellos; así lo hacen también los rubenitas, mientras escogían vivir a este lado de la muerte y de la resurrección. Podría haberse pensado que no debían ellos haber hablado así, ellos se han apresurado a tomar la buena tierra del otro lado para sus rebaños; pero aún así, bastante notablemente, ellos cruzan el Jordán con el resto del pueblo. Puede haber y hay santos que se detienen antes de alcanzar toda su bendición; pero el pensamiento de Dios es que todo Su pueblo entre en sus bendiciones. Por tanto hay cuidado especial en señalar a estos rubenitas, gaditas y a la mitad de la tribu de Manasés, a quienes encontramos presionados por la Palabra de Dios y con la tarea que Josué debía realizar, ellos mismos toman el lugar de exhortarle a él: "Sólo sé fuerte y valiente". Este es el primer capítulo.

¿Dónde está la belleza peculiar del capítulo segundo? Y ¿Por qué tenemos la historia de Rahab aquí? ¿No podemos discernir esto? ¿Por qué no vemos a Rahab cuando se paso el Mar Rojo? ¿Por qué aquí y no entonces? Con la introducción del pueblo de Dios a su propia y celestial relación Dios debe dar una nueva señal de que las distinciones de carne y sangre son ahora sin valor, es precisamente cuando los santos de Dios son llamados a los lugares celestiales que la plenitud de los gentiles debe entrar. No hubo nada de esto en la salida de Egipto_ no particular testigo de la gracia a los Gentiles entonces como ahora al pasar el Jordán. Indudablemente todo está justamente ordenado; no había allí tal propiedad ni fuerza especial, en el testimonio de un gentil siendo llamado. Pero ahora si. Por tanto, yo pienso que, como tenemos en el libro de Josué un parecido general a la epístola de los Efesios, de la misma forma podemos decir que Josué cap.2 responde a Efes.2 o a la última parte de éste. Realmente el mismo principio corre a través de ambos libros, en uno típicamente, en el otro en clara realidad. Porque, después que el nuevo pueblo, llamado la Iglesia, es mostrado como puesto en relaciones con Cristo a la diestra de Dios, entonces tenemos la introducción de los gentiles claramente. Del judío no es necesario decir mucho. Es perfectamente claro que el judío fue sacado de su judaísmo; pero el gentil que no tenía privilegios religiosos es mostrado como siendo el objeto del más pleno favor divino ahora en Cristo. Sin Cristo, sin esperanza, sin Dios en el mundo, sin promesas, extraños a los pactos a pesar de toda su espiritual destitución y actual degradación, los gentiles son ahora llevados cerca, y con una completamente nueva forma de cercanía desconocida a Israel antiguamente. Por tanto me parece que no podemos dudar de la verdadera y admirable sabiduría de Dios al introducir a una como Rahab. No solamente ella era una gentil, sino escogida por gracia de los grados más bajos entre los caídos; ella era confesadamente lo que es más degradante a una mujer, una ramera. Sé que hay quienes por pequeños puntos de filología, se han esforzado en argumentar que este no era necesariamente el hecho y que la designación puede haber tenido no más el alcance a una casa de diversión pública. Los hombres han buscado de este modo salvar no solamente el carácter de Rahab sino también el de la Palabra de Dios. Pero no necesitan tomarse esta molestia. Es mejor aceptar la Biblia con simplicidad. Realmente hay belleza en el humillante hecho tal como es. Porque Dios está saliendo en el poder de Su propia gracia y mostrando lo que Él es para Su pueblo, ¿Por qué Él no tomaría a una que podía parecer a los ojos humanos demasiado sumergida en depravación para bendecirla y más particularmente en tal tiempo? No hay equivocación más grande que se pueda hacer acerca de esto.

Cuando Dios levanta a los suyos a lo más alto, es el mismo tiempo cuando la gracia va al más bajo. Por tanto, lejos de encontrar una dificultad en el carácter de Rahab, me parece que una gran parte del peso moral de la verdad divina, y de la belleza del relato de la gracia aquí introducido, se pierde por quienes desean hacer de ella una persona más respetable de lo que ella fue. Mis hermanos, no es lo que hemos sido, sino lo que la gracia nos hace ser, lo que es todo para el creyente ahora; así lo probó Rahab entonces.

No necesitamos detenernos sobre aquello que tendría profundo interés para un evangelista en su predicación. Tampoco es mi propósito ahora revisar cada detalle. Es suficiente decir que Rahab nos muestra una fe sorprendentemente en acuerdo con lo que Dios está haciendo ahora, realmente esto es siempre verdadero, debe también ser más o menos manifiesto. La fe no es nunca una mera repetición en ningún caso. Hay difícilmente dos almas cuya conversión sea exactamente la misma. Aunque convertidas al mismo tiempo, bajo el mismo discurso del mismo predicador, aún así cada uno tiene una especialidad; y mientras más son comprendidas, más uno entra en el corazón de quienes son convertidos, más clara también es la diferencia. Pero esto es justo que sea así; ya que da un más vivo interés a quienes realmente aman las almas y los tratos de Dios con los individuos. Ciertamente es digno de conocer lo que es un alma para Dios y la forma en que la gracia de Dios trata con cada alma para traerla a Sí. También tenemos un carácter distintivo en la conversión de Rahab. ¿Quién pensaría decir que todo estaba correcto en la vida del objeto de Su misericordia? Lejos de esto. El alma que es salvada no es el Salvador, tampoco puede esta levantarse hasta el Salvador, aunque todos seremos semejantes a Él. Incuestionablemente hay un poderoso abismo que la gracia cruza, y los resultados no son pequeños en quienes creen aún ahora. Aún así podemos ver en Rahab lo que parece estar conectado con sus antiguos hábitos; porque en el mismo tiempo cuando la verdad se le ha dicho poderosamente, ella deja ver un poco de lo que ella era, supongo su antiguo carácter en sus caminos y palabras. No hay duda de que ella juzgó que todo era por una buena causa; pero ¿Puede uno negar que hubo engaño con la protección que ella dio a los espías? Ahora yo no creo que alguno sea jamás llamado o permitido por Dios engañar en el más pequeño grado a ninguno por ningún fin. A veces nos encontramos con el hecho aún en los santos del antiguo testamento, pero nunca la más mínima justificación de esto. Podemos encontrar como aquí la manifestación de la carne en el mismo momento cuando la gracia de Dios está bendiciendo por el Espíritu.

Encontramos esto en otros que debían haber conocido mejor que la ramera gentil de Jericó. Si escuchamos de tal falta en Rahab, no fue menor esto aún en Abraham, ni en Isaac, aún menos en Jacob. Si ellos después de haber conocido a Dios podían así fallar, no debemos sorprendernos de que, cuando esta pobre pagana estaba en una estado de transición de venir al Señor, ella manifiesta lo que era en sí misma, tan verdaderamente como su fe muestra lo que ha recibido de Dios. Pero al menos ella estaba segura de que Dios estaba con ese pueblo, esto lo vio claramente, _ que ella estaba en medio de los enemigos de Dios; y espíritu ella ha terminado con ellos. La fe le hizo volver su espalda a sus antiguas asociaciones naturales. Su corazón estaba ahora con Dios y con Su pueblo; y esto es una buena cosa, estar seguros, que uno tenga su corazón puesto no sólo con Él sino con el pueblo, y esto más particularmente considerando el mundo por el cual estamos pasando.

Tenemos confianza en el lazo que existe entre Dios y Su pueblo y que es de gran importancia. A muchos quizás esto puede sonar como siendo algo más espiritual decir, "yo estoy sólo contento con Dios, en cuanto a Su pueblo estoy contento de estar lejos de ellos. Tan grave son sus faltas y muchas de sus costumbres y palabras son indignas, de manera que estoy justificado al no buscarlos. No me hable del pueblo de Dios: sólo de Dios". Esto, digo, no fue el sentimiento de Rahab; tampoco el de Dios quien los ama, a pesar de lo que ellos son; y si somos guiados por su Espíritu, si tenemos comunión con Él, también los amaremos, y sus faltas no alejarán nuestros corazones de ellos:

¿Quien pondría valor en el amor que se alejara por un fracaso? Además ¿Quién y qué somos nosotros para criticar el fracaso de los hermanos? ¿No tenemos que confesar nuestros propios fracasos? ¿Nunca se nos ha ocurrido que podemos ser una prueba o una tristeza para otros, o una piedra de tropiezo por esta misma prisa para juzgar?

Aprendamos más bien a juzgarnos a nosotros mismos y a estimar a otros mejores que nosotros mismos. No digo esto para ser indiferente frente al mal: ¡No quiera Dios! Pero ciertamente el verdadero amor trabaja y ama a pesar de las faltas, y busca la libertad del objeto amado. Realmente a veces podemos más bien aumentar una falta por nuestra propia necedad al tratar con esta; pero si somos verdaderamente guiados por Dios, amaremos a quienes Él ama. Rahab comprendió esto muy simplemente cuando identificó no sólo a Dios, sino también a sí misma con los espías que ocultó. Y esto expresó una mejor, más fuerte y más real fe, que cualquiera palabra lo hubiese hecho en las circunstancias. Ella probó su fe por sus buenas obras, y en esto amando no solamente al Dios de Israel sino también al Israel de Dios. ¿No fue este su carácter y significado? Porque debido a lo que ella había escuchado (y la fe viene por el oír, y por oír la Palabra de Dios) ella conectó, por medio de un verdadero y simple instinto, a Israel con Dios; y ella fue justa.

Entonces, si aún el rey de Jericó vino al pensamiento de Rahab con una demanda que de otra manera habría sido suprema, la fe lo cambio todo. No dudo que ésta tuvo sus riesgos. Ella ponía en peligro su vida, pero Dios veía esto. El hizo entonces como siempre hace; Él actuó para Su propia gloria, magnificándose a Si mismo, puesto que no podía dejar de responder a la fe. Ella por alguna razón tenía la mente preparada para ello. Ella podía ser puesta a muerte por aquello que el rey tendría como un acto de traición; e indudablemente, conforme a la carne, era un acto de traición. Esto debe haber parecido a los hombres de Jericó como vender a su país y a su rey; pero ella midió todo por Dios. Este es el modo de actuar de la fe. No sólo hay casos donde uno debe tomar su lado de este modo, el principio se extiende a más ordinarias ocasiones. Este es realmente obligatorio a cada uno que es llevado a Dios. En ese más solemne cambio para el alma, ¿Cuál es el efecto de la fe? Mientras más simplemente tenga confianza en el pensamiento de Dios hacia Su pueblo más amará a quienes Dios ama. Rahab en una sorprendente y práctica forma comprendió esto. Ella arriesgó su propia vida al obedecer esta convicción divina; para la fe es muy real y puede descansar en Dios y Sus caminos. Ella no contó que fuese locura arriesgar su vida y todas las cosas por los espías, porque estos eran los espías del pueblo de Jehová, cuyo éxito a su mente era una certeza; y la fe se asegura de Su misericordia en ese día.

Conozcamos también un poco del estado del sentimiento en Jericó. Su razonamiento fue sano, conforme a la fe. Este no era un mero sentimiento, o alguna otra cosa. Había muchos que compartían sus mismos temores; pero ¿quién tenía la fe de Rahab? Los guerreros de la ciudad tenían las mismas aprehensiones. Pero en su caso, como a menudo en el nuestro, el Espíritu de Dios obró donde al principio había simplemente temor. Dios reemplazó este temor por fe viva en Él y amor hacia Su pueblo. "Hemos escuchado" dice ella, "Como Jehová secó las aguas del Mar Rojo por ustedes cuando salieron de Egipto". Ella no atribuyo el cruce del mar a una causa secundaria; tampoco los hombres de Jericó mostraron la incredulidad de los hombres actuales quienes piensan que Moisés conoció y uso un fiordo al cruzar el Mar Rojo. Ella comprendió la verdad porque tuvo fe. "Sé", dice ella "Que Jehová os ha dado la tierra y que vuestro temor ha caído sobre nosotros, y que todo habitante de la tierra desmaya a causa de ustedes, porque hemos escuchado como Jehová secó las aguas del Mar Rojo por vuestra causa delante de vosotros cuando saliste de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los Amorreos, Sehón y Og, a los cuales habéis destruido.

Oyendo esto ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios de arriba en los cielos y abajo en la tierra.

Os ruego pues, ahora que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con nosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura" (vers.9-12).

Otra vez no creo que fue sólo para ella una cuestión de salvar su vida natural, aunque estas fueron preservadas de acuerdo al juramento de los espías. Su fe se levantó sobre las circunstancias exteriores. El comentario de Santiago supone un carácter más alto, como me parece. Ella no solamente fue incorporada en la línea de Israel; ella fue llevada al linaje del Mesías, y se sentó en el más honroso lugar en el cual una mujer conforme a la carne podría ser puesta. La base es colocada en el libro que nos muestra la muerte a la carne, pero Dios actuando en Su propia gracia y cumpliendo la salvación en medio del juicio. De acuerdo a esto una señal adecuada le fue dada no sólo por su propia causa sino también por la de su familia. La salvación vino a su casa ese día aunque ellos eran pobres y culpables gentiles. Su libertad brilla más aún en la destrucción de todo el resto. Los ejecutores del juicio sobre Jericó garantizan la seguridad de Rahab y de toda su casa.

Entonces viene la nueva escena en el capítulo tres. "Y Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo. Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento, y mandaron al pueblo, diciendo: cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella" (vers.1-3). Es claro que en este caso hay unos puntos notables que difieren del cruce del Mar Rojo. No hubo allí tal solemnidad como aquí. El arca de Jehová no tuvo lugar en esa escena; tampoco alguna aserción de sus derechos en cuanto a la tierra_ el Señor de toda la tierra. No hubo orden semejante como el de los sacerdotes entrando en el mar con el arca, y entonces las aguas deteniéndose para que el pueblo pasase. En ambos hechos tenemos la misma verdad general: eso es, el poder de Dios actuando en gracia, y Su pueblo entrando en la muerte y saliendo victoriosos fuera de ésta.

Observemos ahora un poco a las diferencias entre ambos actos. Jehová allí dice al pueblo que se santifique, "Santificaos, porque Jehová hará maravillas entre vosotros. Y habló Josué a los sacerdotes diciendo: Tomad el arca del pacto y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo. Entonces Jehová dijo a Josué: desde este día comenzaré a engrandecerte delante de todos los ojos de Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo. Tú, pues, mandaras a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán" (vers.5-8). Josué los llama a venir y escuchar las palabras de Jehová su Dios, y asegurándoles que "En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros, y que El echará delante de vosotros al Cananeo, al Heveo, al Ferezeo, al Gergeceo, al Amorreo, al Heteo y al Jebuseo. He aquí que el arca del pacto del Señor de toda la tierra pasará delante de vosotros en medio del Jordán. Tomad, pues, ahora doce hombres de las tribus de Israel, uno de cada tribu. Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón" (vers.10-13). Aún en la más profunda misericordia o en la más rica concesión de privilegios de Dios, estos no pueden privarnos de la debida reverencia ante Él.

"Y aconteció cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán con los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto, cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega)" eso es, las dificultades eran las más grandes en aquel tiempo. El Jordán estaba completamente lleno. Por tanto era más difícil cruzarlo entonces. ¿Cómo Dios enfrentó la dificultad? "Las aguas que venían de arriba se detuvieron como un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán y las que descendían al Mar del Arabá, al Mar Salado, se acabaron, y fueron divididas; y el pueblo pasó en dirección de Jericó" (vers.16). Cuando los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron las aguas estas retrocedieron; y los sacerdotes permanecieron en el río hasta que el pueblo cruzó. La fe estaba de este modo ejercitada vivamente.

"Cuando toda la gente hubo pasado el Jordán, Jehová habló a Josué, diciendo: Tomad el pueblo doce hombres, uno de cada tribu, y mandadles, diciendo: Tomad de en medio del Jordán, del lugar donde están firmes los pies de los sacerdotes doce piedras, las cuales pasaréis con vosotros, y levantadlas en el lugar donde habréis de pasar la noche" (cap.4:1-3). Doce piedras son colocadas en el Jordán donde estaban los pies de los sacerdotes, y doce fuera del Jordán; siendo estos, los memoriales particulares de la muerte y las otras de la resurrección. Estas son las señales no sólo de la muerte y resurrección de Cristo, sino de la conexión del pueblo con Cristo en esto. La vida de Adán no puede gozar Canaán, por lo tanto debe ir dentro de la muerte. Más allá el Jordán debe ser el poder de una mejor vida. Por esta misma razón tenemos doce piedras fuera del río también. Donde quiera que el hombre es prominente_ su administrativo lugar encontrado en las escrituras_ se ha sugerido que doce es el número ordinariamente empleado. Este es el número regular para plenitud en ese punto de vista; eso es, donde la agencia humana como tal es puesta ante nosotros. Aunque una verdad familiar, parece bueno tener en cuenta esto, una vez más.

Esta es la razón entonces por la cual encontramos doce piedras en esta oportunidad. Esta era la señal de que el pueblo ha estado allí, pero habiendo pasado a través de la muerte ha salido de ella al otro lado. Esta era la asociación del pueblo con Cristo resucitado. Entonces en este lugar tenemos la plena señal de la gloria de la persona de Cristo como un tipo podía dárnosla. No había ninguna señal más completa que el arca. No leemos aquí de una vara extendida hacia las aguas. La vara fue usada en el Mar Rojo; ya que ésta era la señal de autoridad judicial, y adecuadamente aparece en esa ocasión. Juicio cayó sobre Cristo para que nosotros pudiésemos ser libertados. La salida de Egipto fue una cuestión del poder de Dios fundamentado sobre su justo juicio. Su autoridad judicial interfirió allí, como lo vemos en la destrucción de Faraón y sus ejércitos. ¿Pero no fue también Israel culpable? ¿No lo hemos sido también nosotros? Cristo llevó esto por nosotros, siendo entregado por nuestras ofensas, y resucitado para nuestra justificación.

Pero en el río Jordán hay nuevas necesidades. La autoridad judicial ya ha seguido su curso. Ahora no es una cuestión de Cristo sacándonos del juicio de Dios por Su propio sacrificio, sino de lo que Cristo yendo a la muerte nos da el poder para entrar según los derechos de su obra y la gloria de Su persona. Cristo muerto y resucitado, habiendo glorificado perfectamente a Dios sobre la cruz, no podía ser menos adecuadamente glorificado que con una gloria celestial. Nacido Hijo de David, Él siempre se llamó así mismo el Hijo del Hombre. Indudablemente tenía derechos al reino de Dios en Israel y todavía un más amplio imperio sobre todas las naciones, tribus y lenguas. ¿Pero es esta la plena extensión de su gloria? No. En esto no puede haber medida. Son sin límites las formas en que Dios es glorificado en Cristo, no sólo en lo más alto en el cielo, sino también en toda la creación puesta bajo Él. Es el mismo espíritu que encontramos con el símbolo de Su persona en muerte y resurrección entrando en aquel lugar que conviene sólo a una persona así gloriosa. ¿Dónde es esto? El cielo sólo basta. ¿Hay una parte en la creación de Dios más alta que otra? Este debe ser el lugar para Cristo. Si hay una esfera que podría mostrar la exaltación más que otra, Cristo debe ser puesto allí. Pero Cristo, si va allí, no será separado de nosotros.

Esto es, por tanto, lo que representa el arca. Este es el pleno testimonio de la gloria de Cristo que puede ser encontrado en Israel como un tipo. Por tanto esta es la forma en la cual es visto. Repito, esto no es solamente justicia, sino también gloria. No es entrar en la muerte para sacarnos de lo que era equivocado, sino ir dentro de la muerte por resurrección como un título para llevarnos dentro de todo lo que es bueno y glorioso también. En esa conexión, mis hermanos somos traídos ahora. El objeto de Dios al hacer así es libertarnos de la falsa gloria del mundo, para que todo lo que es del hombre, todo lo que ocupa su corazón o que puede ser un objeto aquí, sea dejado detrás de nosotros. ¿Cómo? ¿Por un esfuerzo? Exclusivamente por creer en la verdad_ por Cristo siendo recibido y conocido_ por el atractivo poder de la gracia y el poder de Dios que, al dar, levantar, y exaltar a Cristo en gloria, nos ha unido a Él para siempre. Esto es lo que me esforzaré más plenamente en observar más adelante en el libro.

Permítanme sólo añadir unas pocas palabras más en cuanto a esto. No es agradable a la carne morir; aún así en estas cosas está la vida del Espíritu. Para el hombre esto es una imposibilidad, pero para Dios todas las cosas son posibles. "Todos los israelitas pasaron en seco". "Vosotros estáis muertos y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios" dice el apóstol a los Colosenses. Veremos que la atención del pueblo es particularmente llamada a considerar este evento: _ "En aquel día Jehová engrandeció a Josué a los ojos de todo Israel; y le temieron, como habían temido a Moisés, todos los días de su vida. Luego Jehová habló a Josué, diciendo: Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio, que suban del Jordán. Y Josué mandó a los sacerdotes diciendo: Subid del Jordán. Y aconteció que cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, subieron del medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes estuvieron en lugar seco, las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como antes sobre todos sus bordes. Y el pueblo subió del Jordán el día diez del mes primero y acamparon en Gilgal, al lado oriental de Jericó. Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán" (vers.14-20). Ahora no se trata de juicio. No es cuestión de destruir a Faraón o sus ejércitos. No es el trato con lo que es malo; sino el poder de la resurrección de Cristo llevándonos dentro de aquello que es glorioso y celestial. Muy ciertamente necesitamos ambos, y en aquel orden también. Una persona que mira a Cristo simplemente como llevándonos dentro de lo que es bueno está en peligro de constantemente permitir lo que es malo. No solamente el don de lo que es bueno es lo que liberta al pecador. Debe existir también el solemne sentido en nuestras almas que somos malos en nosotros mismos, y muy justamente sujetos al juicio de Dios, a causa de nuestros caminos pecaminosos; y nada podía libertarnos de esto si Cristo no hubiese llevado el juicio, poniéndose Él mismo bajo este y agotándolo para nosotros, y es sólo de este modo que podemos ser salvados conforme a Dios.

Por tanto, esta fue una cuestión de Israel siendo salvado; pero aquí se trata de Dios magnificando Su propio amor por su pueblo de acuerdo a Sus consejos y para Su propia gloria. Es Dios dando la magnífica prueba de lo que Él es para su pueblo frente a Satanás y a sus ejércitos. Si yo no entro en esto ahora, estaré sólo ocupado con mi salvación personal y mi propia bendición, esto al principio es justo: todo lo otro es entonces sólo teoría. Pero habiendo ido a través, en mi propia alma, del sentido de mi culpabilidad y ruina, y de mi libertad en Cristo, de ambas cosas, entonces soy libre en Espíritu para entrar en la escena de gloria antes de ir allí actualmente en persona; porque el bendito Salvador aún ahora me ha llevado dentro de Sus cosas, y no solamente libertándome de mí mismo y del primer hombre.

Esta entonces es la doble verdad. Esto es lo que Cristo ha sido para nosotros y lo que Dios nos ha dado en Él. Podamos valorarle en todo lugar, deleitándonos en toda la gracia que nos ha dado en la Palabra. El mismo israelita no podía ser al mismo tiempo un peregrino en el desierto y un conquistador de sus enemigos cananeos en la tierra. Pero nosotros debemos conocer ambas cosas; porque en verdad todas las cosas son nuestras, y estamos ahora sentados en lugares celestiales en Cristo y en conflicto con maldad espiritual allí, mientras estamos viajando en paciencia a través del desierto.


CAPÍTULO 5-8

El paso del Jordán fue un sorprendente y significativo evento. Este cala profundo en la conciencia de los cananeos por todos lados; pero allí había mucho más de lo que era necesario, y más de lo que fue realizado en Israel. Y una vez esto es llevado a prominencia y un hecho destacable quienes han nacido en el desierto no han sido nunca circuncidados. El Espíritu de Dios usa esta oportunidad que no podía pasar más por alto. Aquí no es cuestión de la imaginación del hombre. Tenemos el hecho claro ante nosotros; tenemos al Espíritu de Dios deteniéndose sobre esto con gran precisión; pero tenemos más. La luz de la inspiración en el uso hecho de la institución en el N. Testamento debe ser tomada en cuenta. Tenemos por tanto certeza divina en cuanto al significado y su importancia. Los hijos de Israel que han estado en el desierto no dudo que han sido objetos de la tierna misericordia de Dios; pero había otra medida que venía a ser necesaria cuando ellos entraran en la tierra de Emmanuel _ cuando Su buena mano los ha conducido a la tierra donde Él se ha agradado morar con ellos. Si Él quiso morar en su medio, ellos deben al menos ser enseñados a sentir lo que era debido al lugar de Su habitación.

Aquí entonces la circuncisión viene a ser imperativa. Podemos rápidamente descubrir, de la alusión doctrinal del Espíritu Santo a esto, que hay verdad espiritual bajo la forma. Hay más de un pasaje en los escritos apostólicos en referencia a esto. Tomaré dos de los más prominentes lugares donde una clara mención es introducida, los cuales no necesitan un mayor esfuerzo para vislumbrarlo, porque en estos casos el mismo término es usado para impedir su confusión. Y esto no es siempre el caso con los tipos de la escritura.

En la epístola a los Filipenses el apóstol dice: "Nosotros somos la circuncisión que adoramos a Dios en espíritu, y nos regocijamos en Cristo Jesús, y no tenemos confianza en la carne". Es claro que él tiene en mente a cristianos; pero al mismo tiempo él piensa de aquellos que están conscientes de, o al menos han sido enseñados, lo que significa el Cristianismo. No pienso por esto que otros no sean así privilegiados; pero no es poco común encontrar cristianos que andan bajo o aún contrario a sus principios; no deshonestamente, pero a veces por causa de ignorancia, otras por su voluntad no juzgada aquí o allí, que ignora su mismo llamamiento. Es claro que el Espíritu de Dios no contempla esto, pero siempre se dirige a cristianos conforme a la voluntad de Dios y la gloria de Cristo nuestro Señor. Esto no podría ser de otra manera. Si la Palabra hablara sin firmeza de los hijos de Dios, mientras estos andan lejos de Su voluntad, no necesito decir qué excusa sería esta para la infidelidad. Los hombres están bastante preparados para tomar licencias cuando en una pobre condición ante el Señor creen ver una aparente permisión en las desgracias de buenos hombres que han caído en malos caminos. Habitualmente en las Escrituras nada puede ser más marcado que la celosa preocupación con que Dios hace inexcusable tal mal uso de su Palabra. Considero entonces que la Escritura sabia y santamente se dirige a los hijos de Dios conforme a sus pensamientos e intenciones acerca de ellos. Sólo esto podría convenir a Su gloria; y sólo esto es beneficioso para nosotros. Entonces el apóstol tiene su corazón probado grandemente por algunos que, habiendo llevado el excelente Nombre del Señor, estaban buscando las cosas terrenales, como él dice: "De quienes os he hablado antes, y otra vez lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo".

Otra vez, en Col.2 encontramos otra clara referencia. El no sólo dice: "Vosotros estáis completos en El, que es la cabeza de todo principado y poder", sino "En quien vosotros también sois circuncidados con la circuncisión hecha sin manos... por la circuncisión de Cristo" de este modo mira a la poderosa obra de la divina gracia en la muerte y resurrección del Señor Jesús. No necesito decir que el texto no tiene nada que hacer con el hecho histórico de la circuncisión relatado en Lucas. Este es una circuncisión "hecha sin manos"; considerando que el acto literal fue hecho con manos. Esto está en contraste con aquello. La ordenanza fue una obligación para el israelita, simplemente una figura, nada más, en cuanto a la verdad. Aquí se nos dice lo que Dios ha realizado en Cristo y su cruz, donde Él ha tratado con todo aquello que nos pertenecía y que era contrario a Su pensamiento.

De acuerdo a esto se nos dice ser circuncidados. Esto es particularmente dicho aquí. El no dice solamente: "En quien nosotros somos circuncidados" sino "ustedes". El estaba hablando de estos creyentes gentiles_ personas a quienes el apóstol ha sido un extraño conforme a la carne. A quien ellos nunca han visto, creo, justamente inferir de la primera parte de este mismo capítulo. Aquí él dice que ellos ya son circuncidados con una mejor circuncisión que la que el hombre podía realizar. Esto era más conveniente porque ellos estaban en peligro de ligar un inadecuado valor a las ordenanzas. Ha habido una tendencia también a demandar especial valor del hecho de haber estado bajo la enseñanza del apóstol.

Esta era una primitiva superstición. El Espíritu Santo por tanto parece haber tomado cuidado de que algunas epístolas sean enviadas a algunos que eran extranjeros, y gentiles también como a cristianos que han sido judíos. Cada punto fue guardado; y entre otros el más claro testimonio estable de bendición _ el solemne hecho que todo lo que es ofensivo a Dios, todo lo que tiene sabor a la caída, al orgullo de la naturaleza levantándose contra Dios, es juzgado, cortado, y puesto a un lado ante Él.

No hay más gran confort para el alma que realmente valora ser establecido en perfecta pureza ante Dios. Aquí no es una cuestión de lo que tenemos que alcanzar. Hay un amplio alcance, como encontraremos, para el práctico poder del Espíritu de Dios; pero entonces ese poder para práctica está basado sobre lo que Dios ya ha hecho, y siempre fluye de Su obra en Cristo. El Espíritu Santo responde a la realidad de esa obra; pero ciertamente hay algo a lo cual responder, y esto es lo que Dios mismo ha hecho ya por nosotros en Cristo nuestro Señor. Así que él dice que ellos ya están circuncidados con la circuncisión hecha sin manos en la puesta a un lado del cuerpo (de los pecados) de la carne en la circuncisión de Cristo.

Volvemos por tanto a nuestro capítulo, y vemos de este modo la fuerza propia como me parece, de la bendición tipificada ese día al cruzar el Jordán. No se podía entrar a Canaán como un lugar donde la carne pudiera ser complacida, o su mal permitido. No es que no hubo trato con la carne en el desierto; pero no se podía decir que todo ya había sido hecho; ésta no era todavía tratada como habiendo venido bajo el juicio final de Dios. Desde el Jordán vemos esto: la muerte es tratada como la única puerta de libertad y el cuchillo de la circuncisión debía pasar sobre todos los varones de Israel antes de la buena batalla. De este modo no es sólo que la muerte y resurrección con Cristo hace posible para el pueblo de Dios gozar de las cosas celestiales y entrar en su propia posición, como hemos estado viendo en la última lectura, pero hay un nuevo efecto, aunque todo sea parte de la misma obra de Dios, manifestado claramente en el tipo.

Justo como encontramos varias ofrendas que manifiestan diferentes partes de la obra de Cristo, así también, sea el Mar Rojo o el Jordán, u otra vez, la circuncisión, cada uno representa distintos aspectos de lo que Dios nos ha dado en y con el Señor Jesús muerto y resucitado. Muy claramente derivamos de la circuncisión en este punto el hecho de que la naturaleza caída en nosotros es juzgada completamente, y estamos autorizados para tomar nuestra posición permanentemente contra la carne en nosotros mismos. Somos también dotados a tener que tratar con uno y otro, estando todos en este mismo fundamento. Dios no aprueba nada menos que esto. Él nos ha dado a Cristo y con Él, para la fe, la plena porción de Su muerte y resurrección. Esa porción necesariamente supone la obra en la cual Él ha completamente tratado con la naturaleza caída en todas sus formas. Ninguna traza de mal hubo en Cristo. Él fue un hombre verdaderamente como el primer Adán _ Hijo del Hombre como Adán no fue, sino el Hijo del Hombre que está en el cielo_ una persona divina, pero hombre a la vez. Por estas mismas razones Él era capaz y competente, conforme a la gloria de Su persona, para ser tratado como Dios por todo lo que era diferente en Él de nosotros. Si hubiese habido en Él la más pequeña mancha, esto no habría sido hecho. La perfecta ausencia del mal en este Hombre daba los requisitos para ser la víctima; como en Él mismo y todos sus caminos la naturaleza divina encontró satisfacción y delicia. ¿Llevaría Él entonces todo? ¿Estaría dispuesto a ir a la profundidad del juicio de todos los hombres, conforme a la estimación de Dios del mal de nuestra naturaleza? El completo, inquebrantable, juicio de Dios cayó sobre Él de manera a tratar con el pecado y quitarlo para siempre. No menos, creo, es la fuerza de la muerte de Cristo por nosotros.

Entonces partimos ahora, no más vistos simplemente como peregrinos y extranjeros, sino como quienes han entrado en la tierra de Dios mientras estamos aún aquí _ quienes toman nuestro lugar como personas celestiales; porque ese es nuestro carácter ahora. Así dice el apóstol, "como el celestial, tales son los celestiales". Conforme a ello nada del antiguo hombre es librado; todo lo que es realmente del yo es visto en su odiosidad. La necesidad que todo esto sea puesto a un lado se nos muestra; pero, es sorprendente decirlo, por estar unidos a Cristo la cosa está hecha. Lo que tenemos que hacer ahora es, ante todo, creer esto _ sin cuestión de tomar nuestra posición ante Dios como muertos y resucitados con Cristo, para que a través de la gracia, gentiles o no, si somos de Cristo, somos la verdadera circuncisión. Sólo estos pueden mortificar sus miembros sobre la tierra inteligentemente. De otra manera sería un esfuerzo a morir o a mejorar la carne; y ambos son vanos. En presencia de esta circuncisión, la circuncisión carnal es una pobre y triste cosa, y una rebelde trampa. La verdadera circuncisión es lo que Dios ha hecho para el cristiano en Cristo, y eso a través de la muerte y resurrección. Quienes de antiguo están contentos con su lugar judío rechazan la verdad aquí simbolizada probando que ellos no comprenden nada como deben hacerlo; quienes en la cristiandad pueden dejar la verdad de Cristo para ocuparse con las meras sombras, son mucho peores. La realidad de la verdad nos es dada sólo en Cristo nuestro Señor. Todo es nuestro en Él.

¿Podemos entonces sorprendernos de que el Espíritu de Dios se detenga sobre esto de forma considerable, llamando al lugar donde el pueblo es circuncidado, Gilgal? Encontramos la importancia ligada a esto en otra parte del libro.

Ninguna carne puede gloriarse en Su presencia. Hechos celestiales por gracia, conscientemente muertos y resucitados con Cristo, somos llamados ha mortificar, por esta razón, nuestros miembros sobre la tierra. "Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua el día catorce del mes en las planicies de Jericó" vers.10.

Otra vez, otro hecho de interés es puesto ante nosotros: la pascua es ahora guardada. Indudablemente ésta fue instituida en Egipto, y celebrada aún en el desierto. La gracia hizo provisión, como estamos conscientes, para las casualidades del seco camino. Pero todo esto ha pasado. Ahora hay una más profunda comunión con el pensamiento de Dios. La misma pascua es ahora celebrada en Canaán con solemne gozo. Es extremadamente precioso para nosotros ese avance en el conocimiento de Dios que hace que las verdades fundamentales tengan un más profundo carácter para el alma. Recordar a Cristo al partir el pan fue dulce y fortalecedor para el alma desde el principio: ¡Cuanto más donde la revelación del misterio se mezcla al mostrar en Su muerte nuestra unidad con Él y con Su cuerpo! Estoy persuadido que el hombre que valora mucho el evangelio es quien tiene el más profundo conocimiento del misterio de Cristo. No puede haber error más ofensivo y, pienso ninguno muestra un espíritu más estrecho, que suponer que la gran verdad fundamental de Dios al reunir nuestras almas en gracia pierde su importancia a causa de entrar en los consejos de gloria o algún otro avance en la verdad, no importa dónde o qué pueda ser esto. Al contrario, aprendemos a ver más en todo lo que vimos antes; valoramos mejor a Cristo en todo lugar; entramos más, no solamente en cuestiones de nuestra propia necesidad o en un retrospecto de Egipto o del desierto, sino en el pensamiento de Dios. Entonces, me parece, esta es la fuerza de introducir la pascua aquí. Mientras menos estemos ocupados con las circunstancias, más calmo, libre y profundo es el goce de la fe por la libertad de la gracia y Dios mismo en ella.

"Los hijos de Israel guardaron la pascua el día catorce del mes en las planicies de Jericó". Pero hay también otra destacable cuenta _ "Y comieron del viejo grano de la tierra a la mañana después de la pascua y panes sin levadura". Es decir, que encontramos aquí el testimonio de Cristo resucitado de una forma como nunca conectado con la pascua antes. Nuevo alimento fue usado y suplido ahora. "El maná cesó al día siguiente después que han comido el antiguo grano de la tierra; tampoco tuvieron los hijos de Israel más maná; sino que ellos comieron del fruto de la tierra de Canaán ese año" vers.11-12. Se nos da también a comer del grano viejo de la tierra: no esperamos tener hasta alcanzar el cielo, Como Él es nuestra paz sobre lo alto, así resucitado, es nuestro alimento y poder. De este modo característicamente le conocemos no más conforme a la carne sino glorificado sobre lo alto.

Hay, no obstante, un comentario necesario que hacer con esto. En nuestro caso (porque el cristiano goza las más especiales ventajas) esto sería una triste equivocación y una pérdida real suponer que Cristo como nuestro maná ha cesado. Para Israel no podía haber un estado de cosas como comer del maná y del grano de la tierra al mismo tiempo. El cristiano tiene ambas cosas. Y por esta muy simple razón: Israel no podía estar en el desierto ni en la tierra al mismo tiempo; nosotros si. De este modo, como a menudo hemos visto, el cristiano permanece completamente, sobre un fundamento particular. No es sólo el desierto y Sus misericordias con las que tenemos que hacer ahora, sino también con la tierra celestial y sus bendiciones y gloria. Por tanto, debemos tener cuidado al tratar un tipo como este. No podría haber algo más peligroso que suponer que hemos pasado fuera de las circunstancias de prueba, o que los graciosos recursos del espíritu de Cristo no son más necesarios. Aquí abajo estamos siempre en el lugar de debilidad, peligro y aflicción. No estamos aquí sino pasando a través del lugar de la tentación. Enfáticamente este es el desierto. Aquí el maná diario nos es concedido, y reconocemos y sentimos que sólo la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el siempre vivo e intercesor sacerdote, nos podría llevar a través de éste a salvo. No pienso sólo en el poder de la resurrección: esto lo tenemos; sino de la gracia que lo trajo hasta aquí, y que entra en cada necesidad diaria, y que nos sustenta en todas nuestras debilidades. Pero esto no es Canaán; y en esta tierna consideración no tenemos nada que hacer con las características bendiciones de Canaán. Tenemos entonces que tratar con poder: aquí el maná satisface nuestra necesidad y debilidad.

El Señor Jesús ministra a Sus santos en ambas formas. Donde quiera que tengamos a Cristo. Tome la misma epístola a los Filipenses ya usada para mostrar la fuerza de la circuncisión. Tenemos no sólo a Cristo conforme al capítulo tres, sino también conforme al capítulo dos; porque este último nos muestra el mismo trato al cual me he estado refiriendo la gracia del Señor viniendo donde estamos nosotros; considerando que el capítulo tres fija nuestros ojos y corazones sobre Él mismo donde está ahora. Seguramente necesitamos ambas cosas, y las tenemos. Así aquí no encontramos lo que nos priva del maná, sino la nueva condición y lugar de Israel y la debida provisión de Dios para esto. El antiguo grano de la tierra señala a Cristo resucitado de entre los muertos; y el apóstol Pablo amaba presentarlo a Él, aunque nunca menoscabando al Señor en Su gracia y misericordia hacia nosotros en todas nuestras circunstancias. Estamos más en deuda el mismo apóstol por esto que a cualquier otro de los doce; pero Pablo nos asocia verdadera y claramente con Cristo resucitado de entre los muertos y en el cielo, como ningún otro lo hace. Él fue llamado especialmente para revelar esto. No es que él exclusivamente nos dé el lugar celestial de Cristo, sino que él, sobre todo nos lleva dentro de esto, mientras magnífica la gracia que vela sobre nosotros aquí abajo.

Entonces esto es comer del trigo de la tierra. Esto es lo que espiritualmente responde a la palabra del apóstol en 2 Cor.5: "De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aún si a Cristo conocimos según la carne ya no lo conocemos así" Esta es nuestra forma de relación a Cristo el Señor en lo que nos es peculiar ahora como cristianos. Lo que nos distingue es que tenemos a Cristo resucitado y glorificado; estamos autorizados a tomar todo el confort de saber que las cosas viejas han pasado y que todas son nuevas ahora; somos llevados a ello y lo tenemos a Él en toda su gloria celestial como objeto ante nosotros; no, más que esto, como uno de quien podemos alimentarnos. El Espíritu de Dios muestra al Señor particularmente en la epístola a los Efesios, donde su primera introducción es como uno muerto, resucitado, y exaltado en el cielo. En Colosenses, en una forma similar, tenemos al Señor allí. Todo esto entonces es el viejo grano de la tierra. Pero si tomamos los evangelios, y si miramos a las epístolas de Juan no es de este modo que lo vemos. Vemos a nuestro Señor aquí abajo particularmente de este modo como el objeto del Espíritu. Es claro entonces que todo esto nos es mostrado. Tenemos a Cristo en todo lugar, y no podemos hacer nada sin Él en ninguna parte. ¿Qué santo tendría sólo una parte de nuestra bendición? Dios nos ha dado a un Cristo completo y en cada forma.

Hay otro punto también en el capítulo que puede demandar algunas palabras. Cuando Dios entra en una nueva acción, o llama a Su pueblo a una nueva forma de actividad, Él se revela de acuerdo al llamado. El mismo Dios que se hizo conocido a Moisés se manifiesta de nuevo a Josué, siempre, casi no es necesario decirlo, manifestándose en la forma que establece Su gloria y se liga con las nuevas circunstancias de Su pueblo. No hay repetición de Sus manifestaciones

El mismo, inmutable, por supuesto, pero real en Sus caminos, y ocupado con nosotros de manera a identificarnos con Su gloria, por tanto ahora no hay zarza ardiendo. Nada era entonces más admirablemente adecuado para el desierto; ¿Pero qué tiene que hacer esto con Canaán? ¿Qué necesidad había allí de esto? Un testimonio no de uno juzgando, sino de uno que preservaría, a pesar de las apariencias, el emblema de absoluta debilidad, pero de debilidad sustentada.

¿No era esto conveniente para el desierto? ¿Pero de qué forma se manifiesta en Canaán? Como el Capitán de los ejércitos de Jehová. Aquí es una cuestión de vencer al enemigo, el poder o los ardides de Satanás. ¡No quiera Dios que tengamos otros enemigos salvo estos! Otros pueden ser enemigos para nosotros; pero sólo a estos emisarios de Satanás debemos contar y tratar como tales. No es así con los hombres. Estos pueden llegar a ser nuestros enemigos, pero nunca nosotros los Suyos. Mientras no tenemos nada que hacer con Satanás, sino tratarlo cuando descubierto, como un enemigo. Estamos autorizados a estar firmes en la fe, resistir a quien sólo busca en sus obras y caminos deshonrar la gloria de Dios en Cristo, y arruinar a todos los que son cegados por él.

Esta entonces es la revelación que Jehová hace del mismo para la nueva obra a la cual Su pueblo es llamado_ un hombre de guerra para guiar a quienes desde entonces deben pelear. Pero hay otro hecho a destacar y que está conectado con el capítulo anterior. A Josué no le fue dado ver una espada en la mano del Capitán del ejército, hasta que el cuchillo fue puesto en la mano de cada israelita para tratar consigo mismo. El llamado a circuncidarse ha hecho su obra antes que hubiese una actitud moral para tomar la espada contra otros.

Nuevamente ahora, como en el desierto _veremos al avanzar, la solemne palabra dirigida a Josué: "Saca el calzado de tus pies; porque el lugar que pisas santo es". Había allí más necesidad de insistir sobre esto, porque la tarea en Canaán era una de vencer y echar al enemigo. Esto hace necesaria una continua vigilancia e incesante oposición. Así mucho más fuerte es el llamado a comenzar y a andar con reverencia y piadoso temor. (vers.15).

Ahora ellos están ante la ciudad destinada al juicio; "Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía" (6:1). En el libro de Josué tenemos en tipo el establecimiento del poder de Satanás en el mundo. "Mas Jehová dijo a Josué: Mira, Yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.

Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haré durante seis días". Recordemos que es el poder de Satanás manifestado por el mundo para estorbar nuestra entrada a nuestras bendiciones celestiales. No es solamente el mundo como un medio de volvernos otra vez a Egipto; este no es el punto aquí. Satanás adopta nuevas trampas de acuerdo a las bendiciones que Dios da. Lo que sea que detenga el progreso de los santos; y estorbe su juicio moral, afección sobre las cosas de arriba_ para esto Satanás usa ahora toda su fuerza.

Jericó entonces nos da una viva imagen del poder de Satanás que sale al camino para oponerse al pueblo de Dios y que éste no entre en la tierra santa. Jericó fue la llave de entrada a Canaán, y debe ser tomada: Dios quería que fuese completamente destruida. Entonces Jehová toma todo el caso bajo su dirección a través de su pueblo. No es como fue hecho una vez con el ejército de faraón. Aquí el pueblo debe pelear; cada uno debe tener su propia porción; ellos deben tomar clara y personalmente una parte activa en la guerra con los cananeos. "Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días" (vers.3). Jericó era una ciudad amurallada, e Israel tenía pobres recursos para sitiarla; aún así jamás ciudad cayó tan fácilmente como ella desde que el mundo comenzó. Pero hay sorprendentes instrucciones en la forma en que cayó: "Y siete sacerdotes llevaran siete bocinas de cuerno de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad y los sacerdotes tocarán las bocinas". Allí tenemos el más grande cuidado de insistir sobre obedecer la Palabra de Dios. La ciudad debía ser tomada y ciertamente lo sería; pero esto sólo podría ser en la forma de Dios. No hay libro en las escrituras que demanden la obediencia más rígidamente que el libro de Josué, que nos muestre al pueblo entrando en su porción celestial y por fe. "Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia delante". Así lo hacen Josué y el pueblo. El dirige a los sacerdotes y el pueblo, y ellos obedecen las instrucciones de Jehová, a pesar de lo que esto podría parecer a los ojos de otros, y con cuidadosa obediencia. Todo esto es cumplido con perseverancia durante todo el tiempo de espera.

No sólo sus medios parecen inadecuados, y lo eran si Dios no hubiese estado en ellos, pero su arca es otra vez prominente. "Y así que Josué hubo hablado al pueblo los siete sacerdotes, llevando las siete bocinas de cuerno de carnero, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas; y el arca del pacto de Jehová los seguía. Y los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la retaguardia iba tras el arca mientras las bocinas sonaban continuamente.

Y Josué mando al pueblo, diciendo: Vosotros no gritaréis ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca hasta el día que yo os diga: Gritad; entonces gritaréis. Así que él hizo que el arca de Jehová diera una vuelta alrededor de la ciudad, y volvieron luego al campamento y allí pasaron la noche" (vers.8-11).

Cuando viene la crisis, la fe tiene su respuesta: "Y cuando los sacerdotes tocaron las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad". ¿Puede algo ser más destacable que la forma en que Josué llama al pueblo, y en el uso de medios completa y evidentemente insuficientes sobre fundamentos humanos para darles la seguridad de que Jericó caería ante que ello sucediese? Allí tenemos comunión con el pensamiento de Dios. Esto es puesto ante Josué y el pueblo como si la ciudad ya estuviese en ruinas. Y así debe ser con nosotros. Dios ha querido hacernos conocer lo que Él va a realizar antes de que ello suceda. El mundo sólo puede reconocer esto cuando su Palabra es cumplida. Entonces se nos dice que: "Tenemos la mente de Cristo"; y esto va más allá de la profecía. Pero puede haber estorbos en cuanto a esto, como un hecho práctico. De este modo, donde los santos están mezclados con el mundo, no puede existir el pleno gozo de la cercanía al Señor. Su gloria es negada por ello y el Espíritu de Dios entristecido. El permitir arreglos carnales en la Iglesia, o algo que se aleja de su Palabra, estorba la genuina simplicidad de la luz de Dios brillar sobre el alma. Pero aquí todo estaba suficientemente claro, tan lejos como el hombre podía ver, aunque pronto encontraremos como siempre, que el primer hombre falla. "Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, no toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis" (leer vers.18-22).

Y así fue hecho: la gracia es libre ante el juicio, tampoco fue la Palabra de misericordia olvidada: "Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre y todo lo que tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó" (6:25). Pero una maldición también es pronunciada: "En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas" Una palabra cumplida en su debido tiempo. "Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra" (vers.27).

No hay bendición que Dios dé al hombre que no dé una oportunidad a Satanás; y así fue en la captura de Jericó. Los hijos de Israel transgredieron en la cosa maldecida, y Dios llamó a Su pueblo, a una comprensiva limpieza del mal por el juicio del transgresor como nunca se escuchó en el desierto. Mientras más magnificente el despliegue del poder en gracia de Dios hacia Su pueblo, más tenaz es Él en aquello que pertenece a Su propio carácter y naturaleza. Hubiese habido permisión de parte de Dios del mal oculto, ¿Dónde estaría el testimonio a Su presencia con los hijos de Israel? Esto ha sido irreparablemente arruinado. Esto no podía ser. Dios debe probarse Él mismo allí en medio de ellos. ¿No es menos así con nosotros ahora? ¿Se ha ido Él a causa de nuestro estado de ruina? ¿Vino el Espíritu Santo para estar con nosotros por un breve tiempo o para siempre?

Encontraremos que Dios tomó un camino para asegurar Su gloria, efectivo y humillante a la vez. Y esto es sorprendente también, porque es en este mismo tiempo que Dios ha atraído la atención, podemos decir de todo el mundo a lo que Él estaba haciendo por Su pueblo. Los de Jericó han confesado que sus corazones desmayaban. El reporte de Israel se ha extendido lejos y ampliamente. Podemos suponer que los hombres escucharon del triunfante paso del Jordán, o de la caída de Jericó, ¿Y pensaríamos que la vergonzosa derrota ante la pequeña ciudad de Hai, fue mantenida en secreto? ¿Es que el honor de Dios y de Su pueblo se extiende ampliamente, y Su deshonra permanece desconocida? ¡Lejos de esto! No hay uno que deshonre a Dios en Su pueblo, que no circule esto rápidamente a través del mundo. Tampoco es bueno que el mal sea ocultado; porque la gracia hace que sea moralmente bueno para el pueblo de Dios llevar la carga y mostrarse ellos mismos limpios al efectuar la disciplina en medio de ellos. Cual sea la pena y la vergüenza del caso, es bueno para aquellos ejercitados de esta manera, no hacer un mal uso de esto. Pero Dios quiere a Su pueblo andando en la verdad de lo que afecta a Su gloria; y esto se manifiesta ahora más que nunca. Él muestra Su vigilante preocupación, e insiste sobre aquello que es conveniente a Él mismo, porque no hay menor estándar que este. Esto no solamente con referencia al pueblo, pero Dios mide todo por Su propia presencia, que los ha traído a su propia tierra. Él especialmente ha puesto a un lado la plata y el oro de esta ciudad pronunciando una maldición sobre cualquiera que tomare de esto para sí mismo; y ahora no un cananeo, sino un hombre de Israel fue quien se atrevió a burlarse del poder de Dios, para actuar como si Josué fuese un astuto líder, más todavía un esclavo de un ídolo que no tenía ojos ni oído. Pasar por alto tal acto habría sido fatal, "Porque Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel" (7:1). ¿Contra quien? ¿Contra Acán? No, "contra los hijos de Israel". El mismo principio de aplica más enfáticamente a la Iglesia. "Si un miembro sufre todos los miembros sufren con él". Pero sigamos: "Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-aven, hacia el oriente de Bet- el; les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra y ellos subieron y reconocieron a Hai". No leemos esta vez de alguno preguntando al Señor; ni de oraciones pidiendo al Señor consejo en cuanto a lo que debían hacer. De todos los hechos que tenemos aquí vemos que los hijos de Israel fallaron en esto. Una pequeña ciudad como esta no parecía necesitar el poder, sabiduría y guía de Dios. Esto no es solamente una cuestión de la parte más culpable. Allí podía haber fidelidad en muchos, pero la necesidad a los ojos de Dios de tratar con Su pueblo como un todo cuando Él los ha avergonzado ante el mundo. Cuando nos alejamos de esto, sólo negamos a nuestras almas la bendición; más aún, inducimos a desconfiar del Señor en lugar de alentar perfecta confianza, a pesar de lo que parece quizás exteriormente duro. Algunos, me atrevo a decir, pueden haber pensado extraño que la ira de Jehová se haya encendido contra Israel a causa de un solo individuo, desconocido a ellos, que era culpable. Pero Él es siempre sabio y bueno y nuestra sabiduría está en confiar permanentemente en Él. Josué entonces, en vez de preguntar al Señor ¿qué es lo que ellos habían hecho y que Sus santos ojos habían visto? Busca los motivos de su derrota en Dios y no en Israel. Ahora, donde hay actividad ante los hombres, hay una necesidad especial de acercarse previamente a Dios. Porque un paso tomado a menudo nos envuelve en otros, y hay en ello peligro. Aquí también podemos aprender una lección. Tenemos la ira del Señor encendida contra ellos, y Josué completamente inconsciente de lo que ha sucedido. Ellos entonces van; "Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban dos mil o tres mil hombres, y tomaran a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos" (7:3).

Hay confianza en sí mismos en lugar de dependencia del Señor. Ellos estaban mirando y comparando el poder de la ciudad; este era un juicio carnal, un razonamiento de acuerdo a las apariencias, lo que para el creyente nunca es seguro, según ellos en esta oportunidad no había necesidad de tomar tan serias acciones ahora como en la toma de Jericó. Esa ciudad con sus elevadas murallas les hizo sentir, y los obligó a reconocer que nada sino el poder de Dios podría derribarlas; allí ellos encontraron que el poder de Dios se hacia perfecto en su debilidad. Dios era su confianza interior; pero ahora, a sus ojos era una mera cuestión de comparar los recursos de Hai con los propios. De esta forma la fácil victoria con que Dios los había coronado en Jericó vino a ser una trampa. A quienes han ganado y tomado la ciudad como Jericó, la captura de Hai parecía una materia fácil. Los habitantes eran pocos. No había razón por tanto para el ejército de Jehová de llevar todas sus fuerzas contra Hai. "Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai". Y no sólo eso sino: "Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres y los siguieron desde la puerta hasta Sebarím".

Ahora no eran más los corazones de los cananeos; no más sus reyes que venían a ser como agua; sino Israel. ¿Qué somos sin Dios mis hermanos? Es bueno que sintamos esto. Nuestra única jactancia es que Él está, no sólo por nosotros sino con nosotros. Ellos no tenían a Dios con ellos; por lo cual estaban en absoluta debilidad. Y Josué ahora está lleno con tristeza y humillación ante Dios. "Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel, y echaron polvo sobre sus cabezas. Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar este pueblo al Jordán para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojala nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!" (vers.6 y 7).

No pienso decir que no había allí una obra real de aflicción y vergüenza ante Dios, pero ciertamente la paciencia no había alcanzado su obra perfecta en el alma. "¡Ay, Señor! ¿Qué diré ya que Israel ha vuelto las espaldas delante de sus enemigos? Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿Qué harás Tú a tu grande nombre?" Aquí al menos él era justo y Dios responde: "Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aún han quebrantado mi pacto que Yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aún lo han guardado entre sus enseres".

Pero vea, no es Acán, sólo el malhechor, sino todo Israel. No había tal identificación antes de cruzar el Jordán. Allí estaba el principio, no dudo, de una mala cosa afectando el campamento. Esto fue siempre verdadero; pero ahora hecho más preciso y claro. Mientras más grande la bendición de Dios a Su pueblo, mucho mayor también su responsabilidad. Así ahora, todos estando identificados con Dios, en su medio se cometió un pecado contra Dios, Quien les hará sentir esto para el claro propósito de que ellos se limpien a si mismos de éste. "Israel ha pecado". Cual sea la rica gracia de Dios al tratar con todo nuestro mal y quitarlo, aquello que lo deshonra, cuando Dios nos ha bendecido así, nos hace como nada ante el enemigo. El peor mal desaparece ante el poder de la redención; pero lo que el hombre tiene como un pequeño mal, si valorado o pasado por alto, viene a ser después una fuente de incalculable debilidad en presencia de Satanás.

¿Es esta una razón para desconfiar? No. Esta es la más grande razón posible para vigilancia y preocupación. Y más que eso, amados hermanos _ porque ¿quienes somos y de qué son dignos nuestros ojos y dónde ha estado nuestra vigilancia? _ Nuestro poder está en esto, que tenemos a Dios velando sobre y por nosotros. Aquí fue precisamente en lo que ha faltado Josué. Él no buscó al Señor en relación a ello; él no ha preguntado. Dios conforme a ello hace que la vergüenza aparezca, Josué y el pueblo ahora penosamente aprenden esto.

"Levántate", dice Jehová a su siervo, "Santifica al pueblo, y di: santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros. Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomaré, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare se acercará por los varones; y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová y ha cometido maldad en Israel". De este modo, aunque Dios les hace a todos sentir que están envueltos, hay cuidadosa provisión en Su bondad para que el particular ofensor sea manifestado, ahora que ellos están realmente esperando en Dios y humillándose a causa de esto. De este modo, cuando por falta de vigilancia y oración, todos están envueltos en la aflicción, pero cuando Su pueblo se acerca a Dios, la aflicción es llevada a la casa de aquel que es culpable. Hay una limpieza de si mismos por el hecho de que todos se han humillado ante Dios. Este mismo acto muestra que ellos no han tenido comunión con ese mal; por tanto Dios toma la materia en Sus propias manos y el ofensor pronto es desenmascarado.

 "Y Josué pues, levantándose de mañana". Él sinceramente actúa con disposición en esto como también lo hizo en la caída de Jericó. "Hizo acercar a Israel por sus tribus; y fue tomada la tribu de Judá. Y haciendo acercar a la tribu de Judá, fue tomada la familia de Será; y haciendo luego acercar a la familia de los de Será por los varones fue tomado Sabdi. Hizo acercar su casa por los varones y fue tomado Acán..." Dios fue fiel; pero Josué quería que el hombre vindicase a Dios, para que otros también pudiesen temer.

"Entonces Josué dijo a Acán: hijo mío da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho" (leer vers.19-26). Ellos tomaron parte en esto. Dios insiste que ellos se limpien de este modo ante Él. Pero tenga en cuenta como "todo Israel" tiene su parte en esto, como en las consecuencias del pecado, así ahora en cada paso de su juicio con Dios.

Y ahora tenemos la plena restitución por Dios, del pueblo.

Ellos han andado en propia confianza y han recibido el más serio contratiempo; pero, ahora que el pecado ha sido juzgado, Jehová estaba libre para actuar. Aún entonces, Él tenía su propio camino. Ahora no era cuestión de grandes cosas, no era el tiempo para mostrar todos los recursos del poder vencedor de Dios, que, antes fue mostrado cuando las murallas de la ciudad cayeron. Estoy persuadido que hay una práctica y profunda lección que aprender en la caída de Jericó; pero es una lección diferente. Y es una muy importante cosa, hermanos; porque, estando dispuestos para estrechar los caminos de Dios a un solo surco, es una muy buena cosa para nosotros dejar lugar para Su sabiduría, a formar Su propio curso conveniente a las nuevas circunstancias, en vista de Su propia gloria, pero también en Su bondad, siempre teniendo en cuenta la condición de su pueblo. Entonces Él dice a Josué, "No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai, mira Yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra".

Así Jehová añade en esta conexión algunos consejos que pueden sorprender a algunos. Llama primero a Josué a tomar a todos los hombres de guerra; entonces Él promete dar o entregar todo en manos de Josué. Él después les revela un plan, no aquel que introducía al arca y a los sacerdotes, donde fue una cuestión preeminentemente de seguir Su palabra y el poder de la santa presencia de Jehová. Sino que dice: "Y les mandó, diciendo: atended, pondréis emboscada a la ciudad tras de ella; no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos dispuestos. Y todo el pueblo que está conmigo, nos acercaremos a la ciudad; y cuando salgan ellos contra nosotros como hicieron antes, huiremos delante de ellos. Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada y tomaréis la ciudad; pues Jehová vuestro Dios la entregaréis en vuestras manos" (8:4-7). Ahora se toma más cuidado aún y una implícita obediencia en cada detalle es insistida, en cuanto a las preparaciones contra la pequeña ciudad de Hai, que las que han sido empleadas en la captura de Jericó. Todo esto con absoluto detalle para nuestra instrucción.

"Entonces Josué los envió; y ellos se fueron a la emboscada, y se pusieron entre Bet-el y Hai, al occidente de Hai, y Josué se quedó aquella noche en medio del pueblo. Levantándose Josué muy de mañana, pasó revista al pueblo y subió él, con los ancianos de Israel, delante del pueblo contra Hai". Toda la importancia de dar oídos al Señor y a Su Palabra era ahora sentida; y la restauración después de la derrota debe ser humillante, pero segura. El enemigo, como veremos nunca está más confiado que cuando su hora para el juicio ha llegado. Los hombres dirán, paz y seguridad y súbita destrucción vendrá sobre ellos. "Y aconteció que viéndolo el rey de Hai, él y su pueblo se apresuraron y madrugaron; y al mismo tiempo señalado, los hombre de la ciudad salieron al encuentro de Israel para combatir, frente al Arabá, no sabiendo que estaba puesta emboscada a espaldas de la ciudad". Esto es más notable porque parecería que fuera una mera señal; pero parece evidente, y ha sorprendido a otros la disposición de las fuerzas, tal no fue el pensamiento, sino un más profundo significado que una simple señal (extender la lanza). Es más bien un vivo testimonio de Dios haciendo todas las cosas concurrir a Sus propósitos, donde no confiamos en nuestras maniobras, sino tenemos una clara sujeción de corazón a Su Palabra, después que el mal ha sido visto y juzgado, habiendo hecho imposible que la presencia de Dios actuase en Su pueblo en poder. Usted siempre encontrará que esto es así.

Donde los cristianos hacen sus propios planes, esto los lleva a dificultades, ellos se derrotan a sí mismos en vez de que el enemigo lo haga; ellos pueden parecer ser rectos en lo principal, pero el Señor tiene controversia con aquellos que confían en sí mismos y en sus planes en lugar de estar sujetos a la voluntad de Dios. El Señor estará ciertamente con los suyos, dependencia y confianza en Él es la sabiduría de quienes han entrado en conflicto con el enemigo. Y, amados hermanos, nosotros (cristianos) estamos incluidos en ello. Somos llamados a esto ahora _ llamados a esto doblemente, porque no sólo Dios nos ha traído a tener la conciencia de la bendición celestial a través de Su gracia, pero Él nos ha vuelto llamar a esto después de un largo olvido de estas verdades. Ciertamente este debe ser el conflicto de todos los santos, aunque de hecho esto es difícilmente comprendido salvo por aquellos que conocen el misterio de Cristo y la Iglesia. ¡Es triste pensar que esto sea así! Pero gracias a Dios que hay algunos por gracia que comprenden estas verdades y que han sido favorecidos así por la infinita misericordia de Dios. Pero no hemos conocido esto_ y no siempre encontramos que sea así _ que donde estamos sobre el fundamento del Señor, y nos conocemos nosotros mismos mucho más, somos llamados a la obediencia, y a hacer frente a los ardides del enemigo, así las más inesperadas contrariedades de las circunstancias son ordenadas por Dios a nuestro favor. Él conoce el tiempo preciso para nosotros.

En el caso ante nosotros la mera vista de los ojos difícilmente podría haber sido de valor para los hombres lejanos y ocultos: ¿No ordenó Dios esto? ¿No hizo Dios que Josué extendiera su lanza? ¿De qué sirve hacer esto bastante claro según la noción humana, que ordinariamente suplanta la verdad? En relación tenemos que decir unas pocas palabras después (vers.20) "Porque Josué no retiro su mano que había extendido con la lanza hasta que hubo destruido por completo a todos los habitantes de Hai" (vers.26). ¿Si hubiese sido esta una mera señal para el hombre, dónde habría estado la razón para mantener su mano extendida? Extender la lanza y retirarla habría sido suficiente. La obra fue hecha, esta ha sido un acto preconcebido. Pero no, esto parece ser una señal de parte de Dios, una significativa señal, que los llamó a tomar la ciudad, esta tenía el propósito de darles la certeza de que Jehová estaba con ellos ahora y que los guiaba, y prosperaba todo en el mismo lugar donde ellos habían sido avergonzados; Jehová recuperaría la gloria de Su propio nombre. Confiemos siempre en Él. No dudo de que esto por ningún medio pueda ser una cuestión aquí de lo que impactaría al pensamiento del hombre con la misma sorpresa como la captura de Jericó; pero aún así no era de poco aliento para Israel después de su triste y vergonzosa derrota.

Si Dios pone sentencia de muerte sobre nosotros ahora, es para ayudarnos más realmente a confiar en Aquel que levanta a los muertos. Si nos sometemos a Él, puede usarnos. Así es aquí; este fue el lugar de una anterior derrota, donde el Señor, habiéndolos purificado de la causa del mal, y manifestado el fracaso de ellos en dependencia, puede guiarlos ahora a la victoria. Al mismo tiempo mientras recordándoles cada parte de su falta, Él imprime sobre ellos más que nunca toda la importancia de la sujeción a Su Palabra, y más aún, de la dependencia de Él. La Palabra de Dios, bendita como es, no lo es todo. Necesitamos al Dios de la Palabra como también a la Palabra de Dios. ¡Qué debilidad si Dios no está con nosotros! ¡Qué segura es la victoria cuando Él está, como lo encontramos en esta doble historia! Es verdad que sólo Dios conocía el pecado de Acán en su medio. Pero Dios hubiese manifestado esto si ellos hubiesen esperado en Él por luz; pero Dios no tenía placer en la vergüenza que apresuró la derrota sobre Josué y el pueblo. Él investigará y debe levantar a Su pueblo a aprender de Él, tarde o temprano, aquello que no sabía, pero que Él les haría conocer, porque tenía que ver con Su honor como con Su permanencia con ellos.

De este modo entonces la toma de esta pequeña ciudad es vuelta en poderosas y muy necesarias instrucciones para el pueblo de Dios, siendo nosotros como somos aquí abajo. Los hombres de Hai los vemos en toda su angustia cuando miraron atrás y vieron la trampa en la cual habían caído. El caso fue pronto decidido, cual sea que hayan sido las penas y molestias que esto demandó. "Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada. Y el número de los que cayeron en aquel día, hombres y mujeres, fue doce mil, todos los de Hai" (vers.25), "Pero los israelitas tomaron para si las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a la Palabra de Jehová que le había mandado a Josué" (vers.27), a ellos se les permite ahora tomar botín, habiendo sido probados en Jericó.

Observe este otro hecho también "Y al rey de Hai lo colgó en un madero hasta caer la noche; y cuando el sol se puso, mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, lo echasen a la puerta de la ciudad; y levantaron sobre él un gran montón de piedras que permanece hasta hoy" (vers.29), Dios hizo que la palabra dicha en cuanto a estas materias fuese recordada. ¿No es esta una instrucción intencional para nosotros aquí? La conciencia de Israel fue levantada por Josué a tener una cuidadosa preocupación por la voluntad de Jehová. Este no era un mandamiento que había sido recién dado, sino uno enunciado al otro lado del Jordán. Este fue recordado ahora; ya que las circunstancias lo hacían necesario en este tiempo. Esta era la tierra de Dios, no debe ser contaminada, sino ser considerada de acuerdo a los derechos de la santidad divina. Él les ha prohibido dejar a uno colgado en el madero después que la luz se ha ido. Ellos nunca deben olvidar lo que debían a Dios y a Su tierra.

"Entonces Josué", como se nos dice_ y esto también en evidente conexión con el mismo principio_ "edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como esta escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz. También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió delante de los hijos de Israel". Todo muestra el ejercicio de la conciencia y el sentido de la gloria de Dios de acuerdo a su revelación. Esta fue la expresión de gratitud ofrecida al Señor, vemos allí preocupación por la ley bajo la cual ellos estaban. "Y todo Israel y sus ancianos oficiales y jueces estaba de pie a uno y otro lado del arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, así los extranjeros como los naturales, la mitad de ellos estaban hacia el monte de Gerizim, y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pueblo de Israel" (vers.33).

Esta es una nueva prueba del celo que Israel sintió por la palabra de Jehová, y el cristiano puede aprender de esta actitud de reverencia. "Y después leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley. No hubo ni una palabra de todo lo que Moisés mandó que Josué no leyó ante toda la congregación de Israel con las mujeres, niños y extranjeros entre los israelitas". Cada palabra fue leída, y leída a cada hombre, mujer, niño y extranjero entre ellos. Su autoridad se extendió sobre todos y cada palabra llegó hasta sus oídos solemnemente, y el extranjero que habitaba en su medio también debe escuchar la ley, aunque hay privilegios que sólo podía gozar la simiente de Abraham.

No iré más lejos por ahora, mi deseo ha sido detenerme más particularmente sobre estos capítulos donde los principios morales del libro son más aparentes. Hemos visto, primero, el secreto de la victoria; después, el de la derrota; posteriormente, los medios y procesos de la restauración; y cuarto las grandes lecciones prácticas que han resultado de todo esto. ¡Pueda el Señor darnos, amados hermanos, leer cada palabra como siendo la revelación de los vivos tratos de Dios con nuestras almas! Los hijos de Dios sentirán su aplicación conveniente, quienes han sido traídos en una pequeña medida a apreciar el lugar dado a todos, pero que, ¡ay! no todos han tomado. Debemos regocijarnos y no temer aunque Dios ciertamente tratará con nosotros conforme a lo que nos ha dado en Su gracia, no sobre el fundamento que nuestra fe ha dejado atrás, cual sea Su preocupación por aquellos que no han aprendido mejor que esto.



CAPÍTULO 9-24

En las guerras de Jehová no siempre fue una cuestión del poder hostil. Realmente este no es el más serio mal que el pueblo de Dios tiene que enfrentar en este mundo. El mismo principio que fue verdadero en Israel entonces, se aplica al cristiano ahora. Los ardides del malo deben ser mucho más temidos que su poder; y Satanás como una serpiente actúa más dañinamente para el perjuicio del nombre del Señor entre Su pueblo que como un león rugiente. Indudablemente este es un triste pensamiento, ver lo que el adversario puede hacer y hace, al emplear el mundo para perjudicar al pueblo de Dios y deshonrar Su nombre; pero la gracia siempre está sobre el mal, y a través de su plena revelación en Cristo tenemos ahora un nuevo estándar para juzgar entre el bien y el mal, y más particularmente para el cristiano. El puede de este modo decir que todo lo que se realiza por la enemistad del mundo, impulsado por Satanás, no puede dañar; porque él no es semejante a un judío, llamado a preservar la vida en este mundo, o a alguna circunstancia de comodidad y quietud; por el contrario, "quien quiera salvar su vida la perderá: y el que pierda su vida por mi causa la hallará".

El rechazo de Cristo para la fe cristiana ha cambiado todo para nosotros aquí abajo, y la posesión de Cristo para el cielo lo ha hecho todo, supongamos que tuviésemos una perdida de algo aquí, la misma vida; ¿Qué es esto ahora en presencia de la vida eterna? Y Cristo es esa vida en poder de resurrección. Teniéndole a Él como nuestra vida, tenemos que tratar con un mundo hostil que Satanás vuelve contra nosotros; pero, al excitar al mundo contra los santos, sólo aprendemos la fortaleza de nuestras bendiciones; suponiendo al mundo lleno de odio inflige sus golpes y nos priva de esto o aquello que es necesario (como puede parecer) para la subsistencia, ciertamente algo semejante a una medida de confort en este mundo, ¿Qué entonces? Si el efecto de todo lo que Satanás puede hacer es que demos gracias a Dios, ¿Qué gana él entonces? Alabanzas al Señor. Supongamos, otra vez que él usa el odio del mundo para aprisionar o matar, no daremos menos gracias entonces al Señor, sino más bien le alabaremos porque nos ha tenido como dignos de sufrir estas cosas por causa de Su Nombre.

Así vemos que es sólo una cuestión de ir adelante siguiendo la voluntad del Señor. En la proporción en que la malicia de Satanás actúa el Señor da más gracia aún. De este modo los sufrimientos en el mundo, pruebas, persecuciones, todo es invariablemente vuelto al bien de las almas que aceptan todo como de Dios; y estamos autorizados a actuar así, como Cristo siempre lo hizo. No importa quien sea la persona o la cosa; pueden ser Herodes o Pilatos como instrumentos. El Señor, visto ahora como el bendito testigo para Dios aquí abajo siempre los consideró como de Dios. "La copa que el Padre me ha dado no la he de beber".

No dudo que detrás de esto estaba un hecho más profundo que el del rechazo. Para la expresión del pecado Dios debe actuar conforme a Su inmutable naturaleza en justicia, y no solamente como Padre. Pero lo que sea, el efecto sobre nuestro Señor Jesús fue que Él justificó a Dios, aún cuando al expiar el pecado allí no hubo sensible gozo ni expresión de comunión. Es imposible que el Hijo Eterno, el Siervo Perfecto, pudiese ser indiferente al juicio divino, cuando Él por nosotros vino a ser objeto de este juicio, bajo el cual necesariamente debía estar, si debíamos ser limpiados de la culpabilidad y ruina, por medio de Su obra que quita el pecado.


Autor: W. K.





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